Recuerdo

El eco de los solitarios llantos ahogados martillea en un estruendo mi mente, como si las montañas se resquebrajaran en un lamento desesperado, cual si la tierra abriera en un bramar sus entrañas sedientas de mar, hambrientas de luz, deseosas de ti.

Siento el frío sepulcral recorrer mi cuerpo, indefenso al viento, blanco de la lluvia, mientras en un oscuro rincón espero mi fin, fatal destino, alivio de mi pena y mi sufrimiento.

Recuerdo el día en que deseé vivir, el momento en que sentir tu presencia me hizo vibrar, en el que la luz de tu rostro níveo, casi infantil, cegó mi razón, cuando el tacto de tu piel me ayudó a soñar.

Hoy, sin embargo, muero en mí cada instante que recuerdo estar junto a ti, cada vez que la tormenta pronuncia tu nombre, cuando la lluvia imita tu sonreír. Una y otra vez, muero, pero no olvido, pues tu recuerdo pertenece ya para la eternidad a mi ser.