El deporte es salud

La semana pasada hicimos una cena de antiguos compañeros de EGB. Hubo muchas ausencias, pero la cosa estuvo bien, y hemos quedado en repetir allá por mayo, a ver si con un poco de suerte se apuntan algunos de los que en esta ocasión no han podido o no han querido asistir. Así podremos hablar de nuestras vidas con esos viejos amigos con los que por las prisas diarias apenas cruzamos un breve y furtivo hastaluego. Volver a charlar con tus viejos amigos, comprobar lo mucho o lo poco que han cambiado, saber qué es de su vida… “¿cómo te va?, ¿sigues currando en el mismo sitio?, ¿sigues jugando a fútbol?”

Esto último fue lo que pregunté a un buen compañero a quien siempre admiré y, para qué negarlo, siempre envidié. Un buen chaval, más que inteligente brillante, amigo de todos y enemigo de nadie, y un gran deportista. Destacaba en todos los deportes en los que participaba, pero sobre todo lo suyo era el fútbol. Si él jugaba ganábamos, si él faltaba perdíamos; así de simple. Así que durante la cena formulé la pregunta de rigor, “¿y sigues jugando a fútbol?”, “no, ya lo dejé, terminé bastante tocado de los tobillos, y terminé por dejarlo”.

Él era un jugador de guante blanco, de esos que tienen potencia suficiente como para arrollarte, y sin embargo te superan por la técnica, con limpieza, con elegancia. Y sólo hay una manera por la que un defensa mediocre puede detener tal derroche de talento: olvidándose del balón, y buscando el contacto. Repartiendo leña, para que nos entendamos. En cuanto este mago del balón entraba en escena, la consigna del equipo rival era clara, “duro y a la cabeza”; sólo que en su caso la cabeza eran los tobillos.

Recuerdo varias de sus bajas por culpa de los tobillos, pero tan pronto como se recuperaba volvía a la carga. Hasta que por lo visto no pudo más. Ahora hay veces que le veo corriendo por el paseo junto al río, “¡ey, hastaluego!”, pero ya no es parte de su entrenamiento de futbolista. Simplemente, corre.

Es que el deporte es salud.

Publicado en Barrapunto