One

¿Sabes que hay una tía que canta una canción de Metallica? – me dice mi hermano.

Sí, una que echan en la radio últimamente, ¿no? -lleva algunas semanas alegrándome el día en la oficina-. Una versión de Nothing else matters.

No sé, sólo sé que es de Metallica.

Bueno, mucha gente versionea a Metallica… incluso hay un grupo que les versionea tocando cellos y todo eso -comento como curiosidad-. Se llaman Apocalyptica.

¿Sí? Pásamelo, a ver cómo suena.

Esta mini-conversación la mantuvimos anteayer, o puede que hace tres días. Me he acordado hace un rato, y me he dispuesto a copiar los emepetreses de los cuatro álbumes que tengo (no sé si han grabado más) en un lápiz de memoria, para pasárselos cuando le vea. Mientras se copiaban los 340 MB largos (creo que los uesebés frontales no son 2.0, sino 1.1, como Barrapunto :-P), me he puesto a echar un vistazo por los directorios, y comprobando si tenía activada la previsualización de archivos de audio (bonita sinestesia), el azar ha querido que el puntero de mi ratón caiga en una de mis canciones-fetiche.

One

Hacía tiempo que no me paraba a escuchar música. La pongo a menudo, pero no me paro. Sólo suena de fondo mientras me dedico a otras tareas. Demasiadas cosas que hacer para tan poco tiempo. Pero hoy no, hoy lo único que hacía era esperar unos instantes a que se copiaran los archivos. Hoy mi atención estaba centrada en la música.

Y después de tanto tiempo sin escuchar esa composición única, hoy se me han vuelto a erizar los pelos de la espalda al identificar la melodía. Hoy, después de tanto tiempo sin escuchar ese himno de metal, sin latir al ritmo de su compás, he vuelto a sentirlo, aún a través de una versión bastarda. Hoy vuelvo a recordar el motivo. Ahora todo recobra su sentido.

Permitidme ausentarme por unos minutos. Ahora debo cerrar los ojos…