La SGAE, sus abogados y la Wikipedia

Aburrido de no hacer nada a la espera de que refresque un poco, me he conectado al mesenyer para ver si había alguien. Dos personas nada más. Iba a saludarles y entablar una conversación, pero entonces me he dado cuenta de que tampoco tengo nada que contar (hoy estoy de un aburrido que espanta), y paso de iniciar una de esas conversaciones de “hola – qué tal – mucho calor hoy – bueno, me tengo que ir – hasta otra – cuídate”, así que he preferido esperar un rato (a lo mejor ellos sí que tenían algo que contar), y luego he cerrado. Pero antes de cerrar me he fijado en el “nick” de uno de mis contactos, que suele utilizar para lanzar mensajes de todo tipo al cyber-mundo. Hoy rezaba algo así como “todos somos Julio Alonso”, y luego decía no-sé-qué de la SGAE.

Y me ha picado la curiosidad, mira tú por dónde. ¿Quién será ese tal Julio Alonso? No me suena haber leído hablar de él, ¿será un importante activista anti-sgae? Así que he acudido a Google, que me ha llevado hasta su web en la que cuenta cómo ha sido demandado por la SGAE por un artículo publicado en su bitácora acerca de cierta campaña de Google-bombing, en el que se han vertido una serie de opiniones e insultos contra la SGAE. Y cómo no, Julio Alonso ha acudido al Bufet Almeida. Jo, los almeidas están en todos los fregaos; si no fuera porque me cae un poco lejos y porque estoy muy contento donde estoy, les mandaba mi currículum para estar más cerca del meollo.

La verdad es que el tema no me interesa demasiado, a mí esto del Google-Bombing contra la SGAE me parece una chorrada supina, y un buscarse problemas para nada. Pero bueno, ya que cuelga el texto íntegro de la demanda, y seguro que la SGAE acostumbra pagarse abogados de los buenos, he aprovechado para echarle un vistazo, a ver qué puedo aprender por el camino.

Por ejemplo, una de mis grandes dudas es “¿cómo llevar la realidad de Internet al Juzgado?”; es algo que me gustaría aclarar con seguridad y certeza, tengo una importante laguna en ese aspecto. En un juicio de una compañera la parte contraria quiso aportar un anuncio publicado supuestamente por el cliente de la compañera en Compraventa.com, y su Señoría lo rechazó en parte porque no venía a cuento, y en parte porque Internet es algo demasiado “etéreo” como para poder asegurar que esa copia impresa de la web no era una falsificación (con lo fácil que sería falsificar un HTML…). Vamos, que el Juez no quería arriesgarse a admitir como prueba algo cuyo funcionamiento no alcanza a comprender. Y este abogado de la SGAE lo resuelve con elegancia: no lleva una copia impresa de la web, sino que pide al notario que visite la web, imprima el documento, y levante acta notarial de ello. ¡Chapeau! Si lo dice un notario, el Juez se siente más confiado, y no dudará en admitir la prueba. Y al titular de la web no le servirá de nada modificar la web y decir “soy un niño bueno, a mí que me registren”. Sólo por esto ya ha merecido la pena abrir Kopete.

La cuestión es que la demanda está bastante currada. Los Fundamentos Jurídicos están bastante más desarrollados de lo que estoy acostumbrado a ver; es una manera tan legítima como cualquier otra de justificar los honorarios profesionales. Veo que utiliza los términos técnicos justos y necesarios, ni se pasa ni se queda corto. Y como curiosidad, añade notas a pie de página con explicaciones. A mí ni harto de vino se me ocurriría poner una nota al pie en una demanda, no me parece un elemento propio del “género”, es más “conservador” meter un párrafo adicional para explicar el término o concepto, sin cortar el flujo del texto con una remisión al pie de página. Pero he de admitir que tiene su punto. La verdad es que no lo había visto nunca.

Una nota a pie de página en la página 7 me ha llamado la atención. Se trata de una explicación de la expresión “Google Bomb”, una explicación demasiado pedagógica, no tan formalista como cabría encontrar en una demanda.

“Un Google bomb (bomba Google) es un método mediante el cual es posible colocar ciertos sitios web en los primeros lugares de los resultados de una búsqueda en Google utilizando un texto determinado. Este método explota el modo en que el algoritmo de búsqueda de Google, PageRank trabaja, ya que una página obtendrá un lugar superior si es enlazada por otras páginas ya conocidas. Se consigue incluyendo enlaces a la página objeto del “Google bomb” en el mayor número de páginas distintas posible, de manera que el texto del enlace sea el criterio de búsqueda deseado.”

Lo más extraño de todo es que las palabras “Google” y “PageRank” están subrayadas, como si fueran enlaces, algo que está totalmente fuera de contexto. Recordemos que hablamos de una demanda, algo que a día de hoy debe ir necesariamente en soporte papel, y los papeles aún no soportan hipertexto. ¡Ha usado un cortapega! Y el propio Google me confirma que lo ha sacado… sí, así es, de la Wikipedia. Y ni cita la fuente ni nada. ¿Para qué?, eso de citar fuentes es de pobres. A este abogado parece no gustarle citar fuentes.

Nada más alejado de la realidad. En los Fudamentos de Derecho de la demanda cita puntualmente a López Jacoiste, al Tribunal Constitucional, al Tribunal Supremo, la Audiencia Provincial de Barcelona, el Repertorio de Jurisprudencia Aranzadi… obviamente, sabe perfectamente de qué va eso de citar las fuentes.

¿Y qué es lo que diferencia a la Wikipedia del resto de fuentes? Que ni de lejos la Wikipedia goza de tanto prestigio. Al menos en el ámbito del Derecho. No se cita a López Jacoiste para otorgarle su merecido reconocimiento; al contrario, lo cita para aprovecharse de su prestigio. Y a ese respecto la Wikipedia no tiene nada que darle. ¿Para qué molestarse en darle su merecido y legalmente exigible reconocimiento?

Señor Colman Gota Thompson, reciba mi más sincera expresión de admiración por la profesionalidad que demuestra al fundamentar sus escritos. Y reciba también mi más sincera crítica por el indebido uso que hace de los contenidos de la Wikipedia, que según reza en el propio portal de la Wikipedia, se publican bajo la Licencia de Documentación Libre GNU, la cual le permite el uso ilimitado de dichos contenidos siempre que cumpla ciertos requisitos, entre los cuales se encuentra, obviamente, el reconocimiento debido a su autor.