¡Cuánto sabe usted de informática, señor Letrado!

Imaginemos que el sujeto A comparte un ordenador portátil con el sujeto B, y nadie más tiene acceso al mismo. Imaginemos que el sujeto A guarda en ese ordenador portátil una serie de fotografías de carácter íntimo (desnudos incluidos), realizadas con una cámara de fotos. Supongamos que en un momento dado, el sujeto A y el sujeto B deciden dejar de compartir el ordenador portátil.

Según el sujeto A, acuerdan que el portátil se lo quede el sujeto B, con el compromiso de éste de borrar las fotografías citadas del portátil, y procediendo a su vez el sujeto A a borrar esas mismas imágenes de la cámara de fotos, sin que exista más copia de las imágenes. El sujeto A no comprueba que el sujeto B cumple de manera efectiva su compromiso.

Según el sujeto B, lo que realmente acuerdan es que el portátil se lo quede el sujeto A.

Es decir, tenemos dos versiones contradictorias acerca de en manos de quién queda el portátil, y por lo tanto, las fotografías de carácter íntimo.

Con posterioridad dichas fotografías de carácter íntimo aparecen publicadas en Facebook, en un perfil falso, lo cual supone un grave perjuicio para la intimidad y la imagen pública del sujeto A. El sujeto A llama a la madre del sujeto B para pedirle que interceda, y al día siguiente las imágenes desaparecen.

Posteriormente las mismas imágenes vuelven a aparecer, tanto en otros perfiles de Facebook, como en otros portales, por lo que A procede a interponer denuncia en cierto Juzgado de Guardia de la provincia de Guipúzcoa, donde ejerce un abogado muy guapete y resultón que en Internet se hace llamar Defero y escribe en un blog llamado Obiter Dicta, al que corresponde la defensa del sujeto B.

La declaración del sujeto B no tiene mucho intríngulis, se limita a negar tener nada que ver con la publicación de las imágenes, y niega haberse quedado el portátil en el que supuestamente estaban las mismas.

En la declaración del sujeto A ante el Juzgado, aún en fase de instrucción, están presentes una serie de personas:

  • El propio sujeto A.
  • La Juez instructora. En este caso, una persona que, a juicio de quien esto escribe, es una buena profesional. Al contrario que algunos compañeros suyos de profesión, esta Juez se caracteriza por profundizar mucho en sus interrogatorios, en aras a conseguir sacar la verdad a relucir. Pregunta, y pregunta, y pregunta, sin perder el tono cordial y respetuoso, porque quiere acercarse lo máximo posible a la verdad para poder adoptar cualquier decisión. Mi opinión sobre esta Juez no es compartida por todos mis compañeros, pero bueno, que dos abogados estén de acuerdo en algo es por lo general poco probable.
  • La Fiscal. Una buena profesional, que conoce su oficio, y además tiene la virtud adicional de ser buena gente. Con lo de “buena gente” me refiero a que respeta el trabajo del abogado, y es razonable en el momento de negociar. Y si tiene que retirar la acusación, la retira, no tiene complejos. Eso sí, cuando tiene que dar caña, da caña. Esta opinión creo que sí que será compartida por la mayoría de mis compañeros de profesión, o al menos lo es de aquellos abogados con los que tengo trato habitual. La profesionalidad y actitud de esta Fiscal, que puede parecer un “must have”, por desgracia no siempre es compartida por sus compañeros de profesión. No me atrevo a decir que es la excepción.
  • La abogada del sujeto A (denunciante), designada por el Turno de Oficio. No la conozco lo suficiente, pero no tengo motivo para dudar de su profesionalidad, y parece tener una actitud correcta hacia la profesión. Además lleva colegiada 10 años más que yo.
  • La tramitadora (o gestora, la verdad es que no sé exactamente qué rango tiene). Se limita a tomar nota de lo que se pregunta y responde. No tiene un papel demasiado importante en esta historia.
  • El menda lerenda, que como algunos ya sabréis, a base de perder el tiempo delante de una pantalla, he terminado por saber algo de ordenadores. Como ya he dicho, a mí me toca defender al sujeto B.

Comienza la toma de declaración, pregunta la Juez, pregunta la Fiscal, pregunta la abogada de la acusación… y me toca el turno a mí, abogado de la defensa. Al contrario que en el mus, y como le pasó a Iglesias en el debate a cuatro, ir de postre es siempre una ventaja, porque ya nadie te hará la réplica. Entre las preguntas que formulo, se encuentran varias “relacionadas con la informática”, a saber:

  • ¿El portátil tenía algún tipo de software antivirus o cortafuegos? La respuesta es “no lo sé”. El objetivo de esta pregunta es sembrar la duda acerca de cómo pudieron salir las fotos del portátil. Es decir, estoy insinuando que las fotos pudo robarlas un “hacker” que aprovechó la desprotección del equipo.
  • ¿Utilizaban algún tipo de sofware de intercambio para bajar películas y música, como eMule o BitTorrent? La primera respuesta es “no”, pero cuando insisto en preguntar cómo se bajaban las películas reconoce que tenían instalado y usaban Ares. Casualmente conozco el programa, incluso llegué a usarlo hace tiempo, y sé que no sirve para descarga directa (como jDownloader), sino para intercambio. Le pregunto algo así como si sabía que ese tipo de programas sirven también para que terceros accedan a archivos alojados en nuestro disco duro, y creo recordar que responde que no lo sabía (aún no tengo copia de la grabación de la declaración). El objetivo de esta pregunta es sembrar la duda acerca de si por una mala configuración del programa, terminaron compartiendo en Internet archivos que no debían, y pudo ser ésta la vía por la que las imágenes pudieron llegar a manos de terceros.
  • Cuando descubrió el falso perfil de Facebook donde se publicaban sus fotos, y antes de llamar a la madre de B, ¿pulsó usted el botón de “denunciar esta página”? Afirma no conocer la existencia de dicha posibilidad. Tengo que reconocer que el objetivo de esta pregunta no es obtener información de A, sino introducir información para el conocimiento de Su Señoría. En su denuncia, A traza un itinerario causal que perjudica a mi cliente: aparecen las fotos, llama a la madre de B, desaparecen las fotos. Demasiada casualidad, ¿no creéis? Quiero meter otro factor causal: tal vez fue Facebook quien borró el perfil. Pero claro, A no reconoce haber denunciado el perfil, así que meto otra “pregunta informativa”: ¿conoce usted la estricta política de Facebook de eliminar contenido sexual y pornográfico? A me dice que no, pero en realidad no me importa que la conozca, lo que quiero es que Su Señoría tenga en cuenta la existencia de esta política. ¿Sabe usted si el perfil de Facebook fue borrado por la persona que lo creó, o por la propia Facebook? Responde que no lo sabe. Por supuesto, no puede saberlo. Nuevamente, era una “pregunta argumento”. Reconozco que he sido un chico muy malo. ¿Le llamó después la madre de B para decirle “ya he hablado con mi hijo/a, y está todo arreglado”? Dice que no.

Antes de continuar leyendo, te pido que hagas un ejercicio mental. Del 1 al 10, ¿qué nivel de conocimientos informáticos crees que demuestran estas PREGUNTAS? Siendo 1 “sé usar Word, Google y el correo electrónico” y 10 “me hago mis propios parches para el kernel porque no me fío de Torvalds”.

Yo creo que un 2, quizás un 3 como mucho.

Bueno, pues terminada la declaración, todas las presentes se deshicieron en halagos hacia mi persona, sorprendidas de lo mucho que sé de informática. ¿En serio esto os parece un conocimiento “profundo” de informática? Venga, hombre… Definitivamente, los juristas somos “de letras”. A partir de enero nos vamos a cagar con Lexnet.

PD: He dado detalles sobre un proceso judicial en marcha, cuando tengo por norma citar de manera pública únicamente procesos ya finiquitados. Me he saltado esta norma, pero en todo caso he sido exquisito a la hora de no dar datos que sirvan para identificar a ninguna de las personas implicadas, ni tan siquiera al órgano judicial concreto. He revelado la motivación de mis preguntas, que alguno considerará mostrar las cartas, es decir, revelar mi estrategia de defensa a la otra parte, lo cual suele ser una mala decisión. Por si a alguien le inquieta esta posibilidad, debo decir que la motivación de mis preguntas era más que obvia, no hace falta que yo lo explique para que todo el mundo se dé cuenta. Por otra parte, hay una serie de detalles que he omitido, y una serie de reflexiones interesantes que podría haber compartido, pero que prefiero guardarme para comentarlas una vez el procedimiento esté finiquitado, porque esas reflexiones sí que implicarían dar pistas sobre mi estrategia de defensa aún no desplegada (iremos viendo sobre la marcha). En cualquier caso, es altamente improbable que ninguna de las personas implicadas lleguen a leer esto. Y de ser así, no creo que tuvieran motivo para quejarse, les he lanzado un montón de piropos. 😉

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