(algunos) fiscales no respetan el trabajo de los abogados

De un tiempo a esta parte estoy que echo chispas por el mal hacer de ALGUNOS fiscales, y su nulo respeto por el trabajo de los abogados. Y digo «algunos», que quede claro, porque por fortuna el mal no es generalizado, pero sí más extendido de lo deseable. La mayoría entienden que aunque abogados y fiscales nos encontramos habitualmente (no siempre) en posiciones contrapuestas, eso no es obstáculo para respetar el trabajo del oponente. Me ha tocado litigar con fiscales que me han dado un trato exquisito, he negociado con fiscales que han sido más que razonables a la hora de decidir hasta dónde apretar, e incluso he llegado a recibir alabanzas de una fiscal a la que di en sala una «paliza» antológica. En mi desmerecimiento, diré que no es que yo hiciera un trabajo especialmente brillante en aquel juicio, es que ella cometió una serie de errores que me sirvieron la defensa en bandeja, pero siempre es agradable recibir el reconocimiento del oponente, y sabiéndolo, yo procuro dar el mismo reconocimiento al que me vapulea en sala (si me vapulea con elegancia, eso sí). Sigue leyendo

¿De dónde vienen los clientes? De cualquier parte

Cuando en 2007 empecé a ejercer como abogado no tenía que preocuparme por cómo conseguir clientes: entré a formar parte de un despacho de abogados consolidado que contaba con un flujo más o menos regular de clientes, algunos viejos conocidos que venían con asuntos nuevos, y otros completos desconocidos que venían preguntando por un abogado que les resolviera la papeleta. Por lo tanto, mis dos únicas preocupaciones debían ser llevar su asunto con la mayor diligencia posible, y minutar por mi trabajo. Y aprender, aprender, aprender. Sigue leyendo