¿De dónde vienen los clientes? De cualquier parte

Cuando en 2007 empecé a ejercer como abogado no tenía que preocuparme por cómo conseguir clientes: entré a formar parte de un despacho de abogados consolidado que contaba con un flujo más o menos regular de clientes, algunos viejos conocidos que venían con asuntos nuevos, y otros completos desconocidos que venían preguntando por un abogado que les resolviera la papeleta. Por lo tanto, mis dos únicas preocupaciones debían ser llevar su asunto con la mayor diligencia posible, y minutar por mi trabajo. Y aprender, aprender, aprender.

En 2010 me independicé, y entre tres compañeros montamos un despacho de abogados en Errenteria. Bueno, técnicamente lo “remontamos”, ya que éste había estado funcionando bajo otro nombre, formado por dos compañeros, Jon y Eugenio. Eugenio terminó quemado por los reveses de la profesión, y lo dejó. Jon, propietario del local, tras la salida de Eugenio mantuvo el despacho abierto “a medio gas”, ganándose las habichuelas en otros ámbitos, y dedicándose al despacho a tiempo parcial. Y entonces nos arrejuntamos Aritz y yo. Aritz era un compañero de la Facultad de Derecho cuya deriva profesional le había llevado lejos de la abogacía, y se había quedado con la espinita clavada de no haberlo intentado. Yo tenía clavada la espinita de no haber vivido la aventura de montar mi propio despacho, a mi modo, prestando los servicios que quiero prestar, como los quiero prestar. Y ahí nos juntamos los tres, Jon, Aritz y yo, cada uno con una trayectoria profesional y personal propia, y con mucha ilusión.

Tiempo después Aritz terminó dejándolo, visto que la abogacía no era como él esperaba, y por las últimas veces que hemos hablado, no le va nada mal, cosa que me alegra. Pero mientras formó parte del despacho fue el responsable de cosas tan atrevidas como salir en televisión hablando de leyes y esas cosas tan aburridas a las que nos dedicábamos. Aritz conocía a alguien que trabajaba en la productora de Arratsaldero, un magazine de tarde que tenía que cubrir cinco horas de programa de lunes a viernes, y les venía genial que alguien les fuera a hablar de LO QUE SEA, media horita, un par de veces al mes. Por lo que nos comentaron, los índices de audiencia no eran nada malos cuando salían los abogados. Para nosotros suponía una publicidad IMPAGABLE, y resultó una experiencia muy enriquecedora. Fueron en total alrededor de una decena de apariciones en ETB1, el canal autonómico en euskara, y de rebote también una aparición aislada en ETB2, el canal autonómico en castellano.

En la productora de Arratsaldero el ambiente era muy agradable, el trato que nos daban fue exquisito, y aunque ponerse delante de las cámaras intimida bastante, consiguieron hacernos sentir muy a gusto. Incluso hubo un tertuliano del programa que me pidió el correo electrónico y posteriormente me hizo alguna consulta legal de carácter personal. Pena que cancelaran el programa, y pena que ahora no disponga del tiempo del que disponía entonces para preparar los temas a tratar ante las cámaras. No nos pagaron un duro, ni lo pedimos, porque nosotros íbamos allí a dejarnos ver ante potenciales clientes.

Tiempo después aún hay clientes que me comentan que me han visto en TV, no sé si por alguna reposición de programas viejos a modo de relleno, o por los vídeos colgados en YouTube. Nunca te dicen “he venido porque te he visto en la tele”, así que tengo que conformarme con suponer que algo sí que influye. Pero hay un cliente, uno en concreto, que sé que acude a mí gracias al programa Arratsaldero. Mi despacho no le cae cerca de casa, pero resulta ser el padre del tertuliano que me pidió el correo electrónico. Tiempo después de mi última aparición en televisión, me llamó diciéndome que le había dado mi teléfono su hijo, y que tenía que hacerme una consulta sobre un tema de herencias (uno de los temas que tratamos en Arratsaldero, aunque ese vídeo no está subido a YouTube). Vino, le resolví la duda, y posteriormente me ha hecho alguna consulta telefónica más, nada especialmente complejo. Un tío muy majo, uno de esos clientes a los que les atiendes la llamada con una sonrisa.

Y hoy me vuelve a llamar, aspaldiko partez*. Me cuenta que tiene un sobrino, ni casado ni inscrito en el registro de parejas de hecho, padre de una criatura, que hace un tiempo que no se arregla con la novia, y quieren separarse, dejando escrito cómo van a arreglarse con el hijo. Lo que los leguleyos llamamos regulación de relaciones paternofiliales, que no es un divorcio, pero se le parece mucho. Parece ser que los directos interesados andan un poco desnortados, así que el tío quiere asesorarse, y luego ir y contarles la película al sobrino y la novia, para que se animen a pasarse por mi despacho a arreglarlo de mutuo acuerdo.

O sea, que mi ex-compañero de despacho tiene un amigo que trabaja en TV que tiene un compañero que tiene un padre que tiene un sobrino que va a necesitar de mis servicios. Como reza el título de este texto, los clientes vienen de cualquier parte.

[*] Aspaldiko partez es una expresión en euskara para decir que ha ocurrido algo que hacía mucho tiempo que no ocurría. Buscaba una expresión similar en castellano, pero no he encontrado una que me gustara. Anyway, lo digo en euskara aunque aquí nadie lo hable, y me quedo tan ancho.

 

Publicado originalmente en Barrapunto

Un pensamiento en “¿De dónde vienen los clientes? De cualquier parte

  1. si ser atrevido es pecar yo peco siepre gotica goticaunete a las loqueras de masamania estan super se una lolita goticapudes ser linda pesada atrevida loka imas se una g0tica gotica goocgaittica gotica gotica

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