Más tiempo pendiente del teléfono que trabajando

Mañana martes tenemos un juicio penal, en el que tenemos todas las de perder. Todas las pruebas apuntan a que mi cliente es culpable, y ni el mejor de los abogados conseguiría una pena suficientemente pequeña. Por lo general, cuando la absolución es imposible (como en este caso), el objetivo es mantener la pena por debajo del umbral de los dos años de prisión, ya que si se trata del primer delito cometido por el cliente, es razonable esperar que se le conceda la suspensión de la ejecución de la pena (art. 80 CP), y luego ya sólo es cuestión de que el cliente se porte bien para evitar el ingreso en prisión. Podríamos mantenernos por debajo de este umbral, ya que el Ministerio Fiscal pide en total 21 meses de prisión y 30 días de localización permanente (LP), y la acusación particular tan solo 3 meses más de prisión. Aún declarándonos culpables sin negociación alguna podríamos evitar el ingreso en prisión.

Pero hay un problema. Mi cliente es extranjero (con papeles), así que no sólo debemos temer la prisión, sino también la expulsión, que se acordará en caso de que sea condenado a más de un año de prisión (art. 89 CP). Mucho me bajáis el listón. Con los mimbres que me han tocado, veo casi imposible tejer una pena de prisión que no supere el año.

En su momento ya había hablado con la abogada de la acusación particular, y ésta me había dicho que su cliente no tenía especial interés en que mi cliente entrara en prisión, tan sólo le interesaba la orden de alejamiento que acompaña a las penas ya mencionadas. En su escrito de acusación pedía en total 6 años de alejamiento, lo mismo que el Ministerio Fiscal. No pudimos cerrar el acuerdo en ese momento, porque habiéndose ya formulado acusación por el Ministerio Fiscal, había que esperar al juicio de mañana. Intentar negociar con el fiscal con mucha antelación al juicio es imposible, porque el fiscal concreto que asistirá a la vista se designa con algunos días de antelación, así que no queda otra que dejarlo para el último momento. Y aquí llega el baile de llamadas.

El viernes llamo a la abogada contraria para refrescar lo que teníamos medio hablado, pero no me puede atender por estar celebrando un juicio.

Llamo a fiscalía, pero el fiscal no está disponible, así que le dejo recado para que me llame.

Me llama el fiscal, le cuento cómo está el tema, que no he podido hablar con la acusación particular pero puedo suponer cuál será su postura, y me hace un ofrecimiento razonable: 9 meses de prisión, se suspende la ejecución desde el principio, 31 días de trabajos en beneficio de la comunidad (TBC), y los 30 días de LP me los puede dejar en 10 ó 15 días de TBC (a concretar). En Sentencia esto es imposible, porque por directrices de Fiscalía no puede convertir una petición de prisión en petición de TBC, y si el fiscal pide prisión, el Juzgado no pondrá TBC. Respecto de la medida de alejamiento prefiere no hacer ofrecimiento, habiendo acusación particular, pero me adelanta que él vería razonable dejarlo en 2,5 años, que descontando lo que ya ha cumplido como medida cautelar, se quedaría en algo menos de año y medio. Creo que es asumible, y quedo en llamarle el lunes para confirmarle la respuesta.

Llamo al cliente, para planteárselo, pero me dice que prefiere hablarlo en persona, porque por teléfono se lía. Le doy cita para hoy (lunes) a las 11:00.

Le mando un e-mail a la abogada de la acusación contándole lo que me ha ofrecido el fiscal, y diciéndole que la medida de alejamiento depende de lo que ella y yo acordemos.

Ayer (domingo) la abogada de la acusación particular me manda un SMS, excusándose por no haberme respondido el viernes, porque anduvo liadísima, y ofreciéndose a atenderme por teléfono ayer mismo.

Leo el SMS esta mañana al encender el teléfono, y le llamo. Por lo visto no ha recibido el e-mail, por no sé qué problema de configuración. Le cuento lo que me ofrece el fiscal, y me dice que su cliente probablemente querrá que la medida de alejamiento dure más.

Me llama al rato diciéndome que, en efecto, su cliente quiere una orden de alejamiento de mayor duración. OK, lo hablaré con mi cliente a las 11:00.

11:00, mi cliente no aparece. Incluso me viene bien, porque estoy liado con otro asunto.

11:15, sigue sin aparecer.

11:45, no da señales de vida.

12:00, ya es demasiada demora, así que le llamo. Da señal, pero nadie responde.

12:30, quedé en darle una respuesta al fiscal, así que llamo a Fiscalía para decirle cómo estamos. “Hola, buenos días, soy Daniel Martínez, abogado, querría hablar con el fiscal Fulanito Mengánez, para hablar sobre un juicio penal que tenemos señalado mañana, por una posible conformidad”. Espere, le paso con penal.

Me pasan con Penal, y repito lo mismo: “Hola, buenos días, soy Daniel Martínez, abogado, querría hablar con el fiscal Fulanito Mengánez, para hablar sobre un juicio penal que tenemos señalado mañana, por una posible conformidad”. Espere, le paso con la persona encargada.

Me pasan con la persona encargada, y repito lo mismo: “Hola, buenos días, soy Daniel Martínez, abogado, querría hablar con el fiscal Fulanito Mengánez, para hablar sobre un juicio penal que tenemos señalado mañana, por una posible conformidad”. ¿De qué juzgado se trata?. Penal 1 de Argoitia.¿A qué hora está señalado el juicio? A las tal y cual. ¿Qué número de procedimiento? PAB 000/2016. Deme su número de teléfono. 696… Muy bien, le dejaré recado para que le llame. En fin…

12:34, me llaman de un número larguísimo. Fiscalía. Es Fulanito Mengánez, el fiscal. Se agradece la celeridad. Le cuento que no puedo darle una respuesta a su ofrecimiento, porque no he podido hablar con el cliente, que le llamo porque me comprometí a hacerlo. Que si mi cliente da señales de vida habrá acuerdo con un 99% de probabilidad, pero hay un 1% de que mi cliente finalmente no quiera dar la conformidad, y haya que celebrar el juicio. Ya lo siento. Eso implica que va a tener que prepararse el juicio en detalle (y yo también, claro), probablemente para nada, porque no llegará a celebrarse. Suele pasar.

Vuelvo a llamar al cliente, y tiene el teléfono apagado o fuera de cobertura.

De puta madre.

ACTUALIZACIÓN 2017/02/08, 11:10 h. Finalmente no pude hablar con el cliente, y allí me presenté ayer, a la entrada de la Sala de Vistas, ataviado con mi toga, esperando a que llegara. Aparecieron los testigos, apareció la abogada de la acusación particular, apareció el fiscal… pero no mi cliente. “A mí no me interesa celebrar el juicio, tengo que llegar a un acuerdo sí o sí, pero mi cliente no ha venido”, le digo a la compañera. “Hombre, yo también prefiero llegar a un acuerdo, pero vengo preparada para celebrar el juicio si es necesario”, me responde. Le creo. Tiene el 80% ganado de antemano. Decidimos entrar a explicar la situación, y ver si podemos conseguir una suspensión.

Como se suelen hacer estas cosas, de manera informal, los dos abogados de pie en el estrado, exponemos la situación. La pregunta de Su Señoría es de esperar: “¿pero este señor por qué no ha venido?”. Y le digo la verdad, que siempre es lo más fácil de defender: sinceramente, no lo sé porque no puedo contactar con él desde el viernes, pero yo diría que simplemente le ha entrado el miedo, no ha sabido afrontar la situación, y se ha arrugado. Su Señoría da a entender que le gustaría suspender el juicio (y su expresión facial da a entender que REALMENTE le gustaría), pero no puede justificar una decisión así. El acusado está debidamente citado, no podemos alegar ninguna justificación para su ausencia, y dado que la pena de prisión solicitada por las acusaciones no supera los dos años de prisión, se le puede juzgar en ausencia (art. 786.1(2) LECr).

Y se me enciende la bombilla: “bueno, la petición del fiscal no supera los dos años, pero la de la acusación particular sí, pide en total dos años de prisión, y 30 días de localización permanente; si consideramos la localización permanente una pena privativa de libertad, en cómputo total superaría los dos años, y debería suspenderse la vista forzosamente”. En ese momento yo no estaba seguro de que la localización permanente estuviera incluida entre las privativas de libertad del art. 35 CP (de hecho he tenido que buscar el artículo para escribirlo aquí), pero había que intentarlo. Inmediatamente tanto el fiscal como Su Señoría se ponen a revisar el código, para confirmar que sí, en efecto, es privativa de libertad, así que hay que suspender. Yo no tengo tiempo material de sacar el código de la maleta para hacer mi propia comprobación, pero es que ni siquiera hago ademán de intentarlo, porque en realidad estoy pensando en todas las consecuencias de este detalle. Se suspenderá la vista, sí, pero ante la incomparecencia del acusado, Su Señoría puede tomar dos decisiones distintas: darle una segunda oportunidad de comparecer voluntariamente a un segundo señalamiento, o directamente dictar orden de detención para que lo traigan al Juzgado a la fuerza. Aún en el segundo caso, compensaría, pero le pregunto a Su Señoría si le dará oportunidad de comparecer voluntariamente. Quizás entendí mal, pero me pareció entender que estaba más por la labor de mandarlo detener, que una cosa es dar oportunidades, y otra cosa es pasarse de blando. Así que tuve que insistirle en que vendría sí o sí, que lo traería yo por las orejas si hiciera falta.

Mientras tanto, por el rabillo del ojo veo cómo a mi lado la abogada de la acusación pone gesto de dilema interno. Por un lado, le interesa la suspensión, pero por otro, si ella modificara la calificación reduciendo su petición de pena, podría forzar la celebración inmediata de un juicio que ya se ha preparado, y lo tiene prácticamente ganado.

Finalmente se suspende, con el compromiso de señalar en los próximos días fecha para una conformidad, y nos vamos a casa con la sensación de haber salvado los muebles.

Esta mañana llamo al cliente, y por primera vez da tono. Tarda en contestar, pero contesta, con voz de haber tocado fondo. Le explico la historia sin paños calientes, le digo que ha cometido un error al no contestar mis llamadas, porque el problema tiene solución razonable. Pero el error puede no tener consecuencias, si a partir de ahora se centra y toma las decisiones adecuadas. Le explico las condiciones del acuerdo, y se muestra conforme.

Llamo a la abogada de la acusación, que deja en espera otra conversación por atenderme, y le doy la buena noticia. Quedo en avisar al Juzgado para que señale fecha para la conformidad cuanto antes. Llamo al Juzgado, y me cogen el recado. Ahora mismo estoy a la espera de que me llamen para confirmar cuándo podremos hacer eso que debimos hacer ayer.

En Barrapunto, “Más tiempo pendiente del teléfono que trabajando”

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