Malos tiempos para la lírica

Nunca me había parado a entender qué significaba aquello de malos tiempos para la lírica, de Golpes Bajos… perdón, Bertolt Brecht. La verdad es que, sin haber pensado mucho sobre ello, lo había relacionado siempre con un clima de represión o arrinconamiento de la libertad de expresión. Y con ese significado bastardo lo uso hoy.

No voy a poner enlaces, porque me llevaría toda la mañana, pero a todos os sonarán el caso de los titiriteros, el del bus de HazteOír, el del vídeo ése de ETB1 riéndose de los españoles, el de los tuiteros enjuiciados (e incluso condenados en algún caso), el del carnaval de Canarias… poned vosotros el resto de ejemplos, seguro que me olvido de muchos.

Más con unos que con otros, pero con todos se me retuerce algo en el estómago cuando me entero de que alguien expresa públicamente lo que piensa, y le cae encima todo el aparato mediático, y en ocasiones incluso el judicial, para silenciarle. Digo que más con unos que con otros, porque como os imaginaréis, me cuesta alinearme con algunos de ellos. En todo caso, hay algo en relación con la libertad de expresión y su defensa que nunca debemos perder de vista: es indiferente que estemos o no de acuerdo con el contenido, porque la libertad de expresión es en sí misma una riqueza a defender, más allá del uso que se le dé. Voltaire habría dicho que aún estando en desacuerdo con lo que se expresa, defendería hasta la muerte el derecho a decirlo. Bueno, yo no lo defenderé tanto, estoy demasiado lejos de ser Voltaire para poder atribuirme algo tan grande. Dedicaré únicamente unos párrafos en un decrépito portal sobre TIC en un rincón perdido de Internet.

He empezado diciendo que son malos tiempos, no porque nos encontremos día sí y día también con intentos de represión de la libertad de expresión, sino porque el clima de represión está calando, y los ciudadanos terminamos por ser cómplices de ese clima. Asumimos como normal que se tape la boca de quien se sale “demasiado” de la opinión general, opinión que cada cual interpreta a través del prisma de la suya propia, por supuesto. Protestamos cuando se reprime a aquéllos con quienes somos ideológicamente afines, pero aplaudimos complacientes cuando se ataca a quienes están en el extremo opuesto de nuestra ideología. Nos indigna que los titiriteros hayan palmado más prisión que Urdangarín, pero estamos deseando que se eche el freno al bus de HazteOír. Porque unos hacen un legítimo uso de la libertad de expresión, pero los otros son unos fachas que se dedican a extender el odio contra el diferente. O al revés, nos parece una afrenta que se pretenda silenciar una verdad tan obvia como que los niños tienen pene y las niñas vagina (única frase que merece salvar de aquel despropósito cinematográfico que fue “Poli de Guardería”), e igualmente nos parece escandaloso que salgan a la calle unos piojosos que van cantando “gora alka-eta” ante un público infantil.

Pues mire usted, esto no va así. La libertad de expresión implica que yo pueda decir algo que a ti te moleste, y contra eso tú no puedas hacer otra cosa que decir algo que me moleste a mí. Y si te piso un callo, te jodes y te pones a buscarme el mío para pisármelo.

¿Quiere eso decir que al amparo de la sacrosanta libertad de expresión todo vale? No, obviamente no. Algunos límites debe haber, si no queremos dejar en agua de borrajas cosas tan importantes como el derecho al honor, y esas cosas. La pregunta no es si debe haber límite, la pregunta es dónde debe estar ese límite. Obviamente, difícil será ponerse de acuerdo sobre algo tan abstracto. Pero por muy abstracto que sea, no dejemos que dirijan el debate quienes tienen bien claro hasta dónde quieren rebajar el listón, quienes tienen como fin último atar en corto el último bastión de la democracia, que es la libertad de expresión. No dejemos que devalúen nuestra libertad a través de la de terceros. Dicen que Sartre dijo aquello de que mi libertad se termina donde empieza la de los demás, pero en cuanto a la libertad de expresión se refiere, podemos decir lo contrario, que mi libertad EMPIEZA donde EMPIEZA la libertad del otro, como bien rezaba la firma de un barrapuntero de cuyo nombre no quiero acordarme.

No olvidemos que cuando se utiliza la represión contra la libertad de expresión de nuestro oponente ideológico, en realidad también se está limitando la nuestra, se está sentando un precedente que se volverá contra nosotros. En cuanto a la libertad de expresión se refiere, no hay izquierdas ni derechas, ricos ni pobres, progresistas ni conservadores, beatos ni ateos, sólo hay dos bandos: los que quieren limitarla, y los que quieren defenderla. Los que quieren limitarla utilizarán el “divide y vencerás”, así que por mucho que nos duela y nos huela, en la defensa de la libertad tenemos que estar del lado de nuestros oponentes ideológicos.

HazteOír: vuestro autobús me da asco, pero creo que tenéis el derecho a pasearlo.

En Barrapunto, “Malos tiempos para la lírica”.

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