Declaración por videoconferencia gracias a mi móvil chino

Esta mañana he tenido un juicio (del que he salido muy satisfecho, no todo en el Juzgado van a ser malos tragos) en el que estaba prevista una declaración por videoconferencia de una persona que no podía acudir a la vista por estar ingresada en un centro médico. Hace poco hablamos de las limitaciones del sistema de grabación de vistas, pero aquella anécdota se queda en nada en comparación con la de hoy.

Empieza la declaración. La imagen remota se muestra en una pantalla de unas 40 pulgadas (más o menos, no llevaba un metro), y el audio suena por unos altavoces que no acierto a decir dónde estaban ubicados. La imagen es tan borrosa que apenas puedo asegurar que la persona que se encuentra al otro lado sea la que espero que sea, hasta que se pone a hablar y reconozco su voz. Su Señoría empieza a explicar por su micrófono una serie de cuestiones que debe tener en cuenta el declarante, a lo que el declarante va contestando de manera lacónica, sí, ajá, entiendo. El retardo en la transmisión del audio no aconseja explayarse mucho más.

En un momento dado el declarante remoto interrumpe a Su Señoría:

DR: Perdone, no se le entiende, se oye entrecortado.

SS: A ver, que me acerque el micrófono, ¿ahora mejor?

DR: No, no, sigue oyéndose entrecortado.

SS: Pues aquí le oímos bien a usted. A ver… ¿y ahora?

DR: No, qué va.

Su Señoría pide que se le acerque el micrófono de la fiscal personada, a ver si funciona mejor.

SS: A ver ahora…

DR: No, sigue oyéndose entrecortado

SS: A ver, acérquenme el micrófono de la defensa [el guapete de Deferete], ¿ahora se me oye bien?

DR: Lo siento, se sigue oyendo entrecortado

Y Su Señoría decide utilizar la bala de plata de la informática: REINICIAR LA CONEXIÓN, a ver si automágicamente se resuelven todos los problemas. Tras un rato de espera…

SS: A ver si ahora sí, dígame, ¿me oye bien?

DR: No, lo siento, no se le oye

Y nos miramos todos con cara de trágame tierra, sobre todo yo, que fui quien pidió la videoconferencia para no tener que posponer la vista hasta el alta médica del declarante. Por el rabillo de la oreja oigo que alguien dice algo de llamar por teléfono, y espero que Su Señoría descuelgue el teléfono de sobremesa que hay en todas las salas, pero no hace ademán de llamar, intuyo que por algún motivo técnico que impide realizar llamadas fuera del Juzgado. Entonces saco mi móvil chinorris del bolsillo (no, éste no, otro parecido), y sugiero a Su Señoría que puedo llamar al teléfono móvil de cierto trabajador del hospital (que ha sido el encargado de coordinar la conexión por videoconferencia), poner el manos libres para que todos oigamos la conversación, y terminar así la comparecencia.

Y así hemos terminado la actuación: Su Señoría sosteniendo mi móvil junto al micrófono (porque todo esto tiene que grabarse), y haciendo esfuerzos para no marearse por el retorno, ya que el sonido que llegaba al otro lado a través del teléfono luego nos llegaba de vuelta por videoconferencia.

Su Señoría me ha agradecido mi ayuda para la buena finalización del proceso. Yo salgo más feliz que una perdiz: cerramos bien un asunto (creo que mejor no podría haber salido), Su Señoría me manifiesta su agradecimiento (esto es capital para el futuro, siempre viene bien que Su Señoría te recuerde como el Letrado aquél que hizo lo que estuvo en su mano por ayudar), y encima tengo para contar un chascarrillo en Barrapunto. Ya me puedo ir a casa. Bueno, no, que tengo cita a las 14:00 y a las 17:00, aparte de un buen porrón de llamadas que hacer. Sí, con mi móvil chino.

En Barrapunto, “Declaración por videoconferencia gracias a mi móvil chino”

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