No soy tan mal analista político: la derecha se une

A finales de junio me mojé con mi propio análisis de cuáles podrían ser los pactos de gobierno. Por supuesto, me equivoqué. Una vez más.

Respecto de la opción PP+PSOE, dije que Sánchez de momento lo descartaba, porque apoyarlo sería un “suicidio político”. Lo que resultó ser un suicidio político para Sánchez fue precisamente enrocarse en el NO. Ahí tenemos a su zombi, revivido después de muerto, intentando recuperar su asiento vía primarias. Sobre la opción de que el PSOE se abstuviera dejando en bandeja el gobierno al PP, dije que igualmente sería un suicidio político, pero que en este caso al PSOE le quedaría la opción de la amnesia colectiva. Lo dije casi como un chiste, y mira tú qué chiste, que ahora si me río es por no llorar.

De todas las opciones, la más viable me parecía la unión de las derechas central y autonómicas:

Los miro y remiro, y no sé decir cuál es la opción más probable. Me inclino por pensar que tendremos la tercera opción, la derecha uniéndose a uno y otro lado de la nacionalidad. Decía Voltaire que cuando se trata de dinero, todos son de la misma religión. ¿Y no es el nacionalismo una especie de religión?

Luego C’s vetó a los nacionalistas (de derechas), así que descartada esa CEDA del siglo XXI, así como la unión contra-natura de las “fuerzas del cambio”, sólo me quedaba la opción del Frente Popular del siglo XXI, con apoyo de los nacionalismos periféricos.

Me equivoqué, y las que se unieron fueron las “fuerzas del no-cambio”. También se sumó a la fiesta C’s, uno que decía querer el cambio, pero las matemáticas no engañan: para la investidura no eran necesarios. Fue invitado a ese trío sólo para poder decir que estuvo allí, pero fue sólo de voyeur, no le tocó ni dar ni recibir. Aunque vaya diciendo por ahí que está metido en un triángulo amoroso, y que además es quien decide la postura, porque si no pincha el balón.

En mi propia defensa debo decir que no me equivoqué en el análisis, sino en el momento del análisis. No era momento para la derecha de escenificar unión, no se podía vender algo así a la opinión pública. Todavía. Había que esperar a que se hablara de dineros, y sólo de dineros. Aquello que permite a un partido de derechas justificar cualquier cosa ante su electorado. Incluso darse la mano con aquéllos que otrora demonizó. En aquélla cita de Voltaire se me olvidó fijarme en una parte: para ser de la misma religión, es necesario que el tema a tratar sea el dinero, y exclusivamente el dinero. No el gobierno. Para lograr la presidencia, casi mejor amedrentar al principal partido de la oposición para obtener su abstención, aprovechando su momento de extrema debilidad. Y una vez dentro… bueno, ya nos meteremos a las derechas autonómicas en el bolsillo cuando toque hablar de dinero. Eso es un hecho indiscutible. Apostaría algo a que el PNV estaba encantado de dar luz verde a los presupuestos del PP, pero no podía vender algo así ante su electorado, necesitaba volver a Euskadi con un trofeo de caza para poder decir “por el bien de Euskadi le doy la mano a quien sea”. Así que la derecha que corta el bacalao en Madrid le da un buen pellizco a la derecha que corta el bacalao en Vitoria (iba a decir Bilbado, casi me traiciona el subconsciente), y así cada uno tiene lo que quiere enseñar a su electorado.

Originalmente publicado en Barrapunto

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