Lección de humildad, o el trabajo por el que más he cobrado

No os voy a engañar, éste va a ser un texto largo, porque creo que el asunto se merece una exposición en condiciones. Es un asunto especial, por muchos motivos. Por el asunto en sí, muy completo, por ser tan importante la verttiente fáctica como la jurídica, esto es, se discutía tanto la veracidad de unos hechos como la correcta aplicación de las leyes, lo que exigió un trabajo exhaustivo. Por la trascendencia económica para los clientes, que se jugaban mucho. Por el rival al que nos enfrentábamos, la mismísima Hacienda Foral de Gipuzkoa. Por el momento vital en el que sucedió. Por la trascendencia económica que tuvo para los letrados, ya que [spoiler] ganamos con costas, y las cobramos bien [/spoiler]. Por todos estos motivos, recuerdo con cariño este asunto, y aún hoy, pasados unos años, cuando necesito un chute de autoestima, leo los escritos que redacté en este asunto. Me leo a mí mismo, así soy de narciso, y me deleito.

CONTEXTO PERSONAL Y PROFESIONAL

Finales de 2010, yo me acababa de emancipar profesionalmente del despacho en el que había empezado en prácticas en 2006, y aunque en esos cuatro años había aprendido una barbaridad, seguía siendo un pipiolo recién incorporado al Turno de Oficio que luchaba por mantenerse a flote.

Mi actual compañera en la vida y madre de mi hija por entonces era mi novia, aparte de abogada ejerciente. No trabajábamos juntos, y la profesión nos había llevado por distintos derroteros, pero siempre nos habíamos tenido en cuenta el uno al otro a la hora de recabar consejo profesional. Esto más adelante nos llevaría a instaurar la norma (sistemáticamente incumplida) de que en casa no se habla de trabajo, pero nos encontrábamos en un momento en el que esa norma aún no había sido siquiera esbozada. Qué tiempos aquéllos…

EL ASUNTO

Casi de rebote, a mi compañera le cayó en las manos un asunto en el que los protagonistas eran los siguientes:

  • Donald y Daisy Duck, sufridos padres de familia, jubilados.
  • Juanito, Jorgito y Jaimito, hijos de Donald y Daisy, que montarían la empresa ELECTRICIDAD DUCK S.L., en adelante EDSL.
  • Pepito Grillo, asesor de EDSL.
  • Hacienda. Sobran las presentaciones.

Explicaré los hechos de manera cronológica, sirviéndome para ello de la cronología que detallé en la alegación primera del escrito de oposición al recurso de apelación que más tarde presentaría Hacienda:

  • Año 1994. Donald y Daisy quieren comprar una casa, pero dada su edad, el director del banco les sugiere que la compren a nombre del hijo (Juanito), para que la financiación sea en condiciones más ventajosas. Así lo hacen, aunque Juanito nunca considera suya la casa, sino de sus padres, esto es, de la familia.
  • Años 1998 – 2000. La gestión de EDSL, de la que los tres hermanos son socios y administradores solidarios, es un completo desastre, y cuando Pepito Grillo tiene que presentar los impuestos para los hermanos Duck, no tiene más remedio que inventarse las cifras, porque éstos no le facilitan un solo dato. Ay, el mundo de la asesoría de empresa, qué poco lo echo de menos…
  • Año 2003 – 2004. Hacienda se da cuenta de que los datos no son reales, pide información a los administradores, y ante la falta de respuesta de éstos (desastre, desastre…), hace su propia estimación. Según Hacienda, EDSL debe unos 167.000 euros en impuestos, entre IVA, Impuesto de Sociedades, intereses y recargos. Intenta embargar los bienes de EDSL, pero sólo consigue cobrar 7.000 euros. El local es alquilado, y no hay nada a lo que echarle el guante. Pepito Grillo les dice a Juanito, Jorgito y Jaimito que estén tranquilos, que las deudas son de la SL, y que a ellos no les salpicarán. Carecen de patrimonio, ya que la suya es una actividad de subsistencia, así que Hacienda jamás conseguirá cobrar la deuda.
  • Año 2007. Juanito dona a sus padres Donald y Daisy la vivienda que consta a su nombre, mediante escritura pública que se presenta en Hacienda para liquidar los correspondientes impuestos, con un valor declarado de 120.000 euros.
  • Año 2008. Hacienda acuerda la declaración de subsidiariedad, por la que declara a Juanito responsable subsidiario de la deuda contraída por EDSL. Sí, eso le puede ocurrir al administrador de una SL si hace las cosas rematadamente mal.

Y atención, jugada maestra: en 2010 Hacienda demanda a Donald, Daisy y Juanito, ejercitando acción pauliana, para anular la donación, por haber sido hecha en fraude de acreedores. De prosperar la demanda, la vivienda pasará a ser propiedad nuevamente de Juanito, y habiéndole declarado ahora responsable subsidiario, Hacienda podrá embargarla para el cobro de los impuestos pendientes. Y va más allá: en caso de que tras la venta de la vivienda no llegue para cubrir la deuda (que no llegará), estarán obligados a pagar la diferencia tanto Juanito como sus padres, Donald y Daisy.

FUNDAMENTOS DE LA DEMANDA

  • Juanito debe responder personalmente de la deuda pendiente de 160.000 euros.
  • No ha sido posible embargar ningún bien a Juanito.
  • Intentando cobrarle a Juanito es como Hacienda se ha enterado de la donación realizada en 2007, ya que, dice, Juanito no había presentado el Impuesto de Donaciones (mentira, sí lo había presentado)
  • La donación es posterior al devengo de los impuestos, y posterior a la inspección de Hacienda.
  • Con esta donación Juanito ha provocado un “vaciamiento patrimonial” en perjuicio de Hacienda, que ahora no puede cobrarse la deuda por culpa de la donación
  • Debe rescindirse la donación, por haber sido realizada en fraude de acreedores, según el art. 1291.3º CC.
  • Se cumplen los cuatro requisitos exigidos por el Tribunal Supremo para acordar la rescisión de contratos en fraude de acreedores:
    • Que haya una deuda (la hay)
    • Que salga un bien del patrimonio del deudor (ha salido)
    • Que el deudor tenga INTENCIÓN de cometer fraude en perjuicio del acreedor. Según el art. 1297 CC, en las donaciones (enajenación a título gratuito) se presume (se presupone) esa intención. Y la presunción, dice el demandante, es “iuris et de iure” (lo explico más adelante), porque así lo dice el Tribunal Supremo en varias sentencias que cita.
    • Que rescindir el contrato sea el único modo para cobrar la deuda (lo es, ya que Juanito no tiene nada más que embargar).

Por lo tanto, debe rescindirse la donación, revertir la titularidad del inmueble a Juanito para que pueda ser embargado, y declarar responsables de la deuda a sus padres, Donald y Daisy (art. 643 CC).

PRESUNCIONES

Las presunciones, que en este asunto concreto resultan muy importantes, son algo así como “verdades legales”, algo que, en principio, no hace falta probar, porque por Ley se presume/presupone que es así. De este modo, por ejemplo, no hace falta demostrar que la hija que ha parido mi mujer es mía, porque al estar casados, se presupone así (art. 116 CC).

Hay dos tipos de presunciones, que se denominan con latinajos

  • Presunciones “iuris tantum”, esto es, que admiten prueba en contrario. Son las más habituales. Siguiendo el ejemplo anterior, quiere decir que aunque se presuma que la hija de mi mujer es mía, puedo intentar demostrar lo contrario (por ejemplo, con un análisis de ADN), y entonces la “verdad legal” dejará de ser tal (art. 136 CC).
  • Presunciones “iuris et de iure”, esto es, que no admiten prueba en contrario. Son menos habituales que las anteriores, algo excepcional. Consisten en que establecida la presunción, es en balde proponer pruebas para demostrar lo contrario, o discutir acerca de si se ha acreditado o no. La presunción no se puede tumbar, y punto pelota. Game over, se acabó la discusión.

Y esto es lo que defiende el demandante: que hay intención de fraude, que esta presunción es “iuris et de iure” y punto en boca. Un argumento de oro, difícil de tumbar.

DIVIDIR LA DEFENSA

Llega este asunto a manos de quien hoy es mi esposa, y con buen tino ve la necesidad de dividir la defensa, por poder existir dos líneas defensivas distintas. Juanito tendrá que defender que no ha habido fraude alguno para salvar la vivienda familiar, pero los padres deberán defender, además, que ellos no estaban en el ajo, para el caso de que se terminen quedando sin la vivienda, que al menos no les carguen con deudas. Ella defenderá a Juanito, y para la defensa de Donald y Daisy me contratan a mí.

Mi compañera me sugiere contratar a una procuradora que conoce desde hace poco. A su sugerencia le contesto “yo ya tengo una procuradora de confianza” (que era distinta a la actual), a lo que ella me contesta “ya, pero ésa ya tiene suficientes clientes, y ésta es de nuestra quinta, está empezando como nosotros, y los jóvenes tenemos que apoyarnos”. ¡Es verdad, qué cojones! Y pasó a ser mi nueva procuradora de confianza, hasta hoy. Todavía me alegro de haberle hecho caso, porque como el tambor de Ariel, yo a mi actual procuradora no la cambio ni por dos de la competencia.

He de reconocer que cuando acepté el asunto lo veía negro azabache, negro como el culo de un grillo. En la demanda se exponían los argumentos de una manera tan contundente, que no veía resquicio por el que atacarlos. ¿Rebatir una presunción iuris et de iure con jurisprudencia del Tribunal Supremo? ¿Enfrentarme a un señor abogado de la Excelentísima Diputación Foral de Gipuzkoa (de la que depende la Hacienda Foral de Gipuzkoa), que se colegió como abogado ejerciente tres días antes de que yo NACIERA? Me sentía como David teniendo que derribar a Goliath a escupitajos. Primera lección que aprendí: nunca te quedes con tu primera opinión.

CONTESTACIÓN A LA DEMANDA

En realidad son dos contestaciones, una por Juanito y otra por Donald y Daisy. Intentamos compartir reflexiones, pero sin contaminar uno la del otro, así que la redacción de cada contestación fue independiente. En resumen, tras MUCHO estudiar el caso, contestamos lo siguiente:

  • Juanito NO debe responder personalmente de la deuda pendiente de 160.000 euros. Yo en este punto no me metí, porque como defensa de Donald y Daisy, no tenía sentido. Mi estrategia era “yo no sé nada, pasaba por aquí y me lo encontré así”. Mi compañera argumentó que el acto administrativo por el que se derivaba responsabilidad a Juanito era nulo, por no haber cumplido no-sé-qué requisito. Y si cuela, cuela.
  • La deuda, para poder justificar la nulidad de la donación (2007), debe ser ANTERIOR a la donación, y a Juanito se le derivó responsabilidad como administrador DESPUÉS (2008)
  • Cierto que no ha sido posible embargar ningún bien a Juanito, pero no se ha intentado embargar a Jaimito y Jorgito. Por lo tanto, no se ha intentado todo lo posible antes de proceder a la anulación de la donación.
  • No es cierto que Juanito no presentara el Impuesto de Donaciones, sí que lo hizo. Es decir, no se ha intentado ocultar nada.
  • La donación (2007) es posterior al devengo de los impuestos y posterior a la inspección de Hacienda (1998-2004), sí, pero es ANTERIOR a la derivación de responsabilidad (2008), que es cuando Juanito pasa a ser deudor.
  • Juanito no ha provocado ningún “vaciamiento patrimonial”, lo único que ha hecho ha sido poner sobre el papel lo que era una realidad: la casa era, desde el primer momento, de los padres (1994). Ojo, porque éste resultará ser un argumento clave.
  • No ha habido ninguna intención de fraude. Juanito, Jorgito y Jaimito ni siquiera sospechaban que se les pudiera derivar responsabilidad, ya que Pepito Grillo les había dicho que las deudas eran de EDSL.
  • No se cumple ninguno de los cuatro requisitos exigidos por el Tribunal Supremo:
    • Que haya una deuda. O Juanito no debe por ser nula la derivación, o no debía en el momento de la donación.
    • Que salga un bien del patrimonio del deudor . Entendemos que debe salir DESPUÉS de nacer la deuda, no antes.
    • Que el deudor tenga INTENCIÓN de cometer fraude en perjuicio del acreedor. La intención no era tal, lo que se pretendía era poner en orden el patrimonio familiar. Por ser titular formal de la vivienda de sus padres, por ejemplo, Juanito no podía optar a VPO, eso debía regularizarse. Esta intención distinta al fraude podía ser objeto de prueba, al ser la presunción “iuris tantum”, y no “iuris et de iure”. Para apoyar esta tesis citaba dos sentencias del Tribunal Supremo, que no analizaban la cuestión demasiado a fondo, por ser una cuestión de poca o nula relevancia en los asuntos que resolvían (formaban parte de los obiter dicta), pero sí que decían expresamente que la presunción de fraude es “iuris tantum”. Dediqué mucho tiempo a bucear en la base de datos jurisprudencial para localizar estas dos sentencias, os lo aseguro.
    • Que rescindir el contrato sea el único modo para cobrar la deuda. No lo era, no se habían agotado todas las vías para cobrar la deuda, porque nada se había intentado embargar a los otros dos administradores de la empresa, Jaimito y Jorgito.

Además, no debía declararse personalmente responsables a Donald y Daisy, porque actuaron de buena fe, desconocían que la empresa de sus hijos tenía deudas con Hacienda.

AUDIENCIA PREVIA

Puestas las cartas sobre la mesa, acudimos los tres Letrados, con nuestros correspondientes procuradores (la nuestra compartida para reducir gastos), a la Audiencia Previa, trámite que sólo existe en el Juicio Ordinario. Lo más importante de este trámite es la proposición de prueba. En el posterior juicio sólo se practicarán las pruebas admitidas en este acto, que deberán demostrar los hechos que se declaren controvertidos en este acto. Es, por lo tanto, un trámite muy importante, mucho más importante de lo que muchos creen, ya que condiciona el contenido del juicio.

En esta Audiencia Previa se dio una anécdota que aún es motivo de risa en nuestra pequeña familia. En un momento dado, le tocaba al abogado demandante pronunciarse sobre los medios de prueba propuestos por los abogados demandados, y Goliath impugnó una prueba propuesta por mi compañera (no recuerdo qué prueba ni por qué motivo). Su Señoría dio traslado a mi compañera para hacer alegaciones a la impugnación, pero le pilló despistada, y con los nervios no sabía qué se esperaba de ella. El otro había impugnado, así que ella dijo “¡no impugno!”. Su Señoría abrió mucho los ojos, “¡sra. Letrada, usted no puede no impugnar!”. No es que la Ley de Enjuiciamiento Civil lo impida, pero resulta bastante obvio. Lo que pasa es que en el fragor de la batalla, y con tu cabeza ocupada en prever las mil variables que podrían darse, no siempre se da cuenta uno de lo obvio. Mi compañera salió del atolladero como pudo, improvisando una contraargumentación, momentos que yo aproveché para preparar mis argumentos cuando me dieran la palabra, y así echarle una mano.

A día de hoy basta que uno de los dos diga “¡no impugno!”, para que ambos nos echemos a reír a carcajadas. Humor de abogados, no pasa nada si no os hace gracia.

EL DÍA DEL JUICIO

Allí fuimos el día del juicio, a mediados del 2011, con nuestros medios de prueba. En vez de la jueza de la Audiencia Previa, tuvimos un juez súper-majo, supongo que un sustituto que cubría una baja de la titular. Seguramente el desarrollo de la vista habría sido de otra manera de no ser por este cambio.

Como documental, habíamos presentado todos los documentos que pudimos para justificar que los gastos del inmueble (crédito hipotecario, cuotas de comunidad, consumos…) los abonaban los padres, así como un escrito firmado por el Presidente de la Comunidad de Propietarios diciendo que a las Juntas acudían Donald y Daisy, nunca Juanito. Hubo justificantes bancarios que no pudimos aportar porque la entidad financiera se negó a facilitármelos hasta que no abonaran una deuda de unos 6.000 euros que tenían pendiente de pago. Pude haber pedido al Juzgado que le exigiera la aportación de dicha documentación, pero no me gusta pedir documentos cuyo contenido desconozco, así que por si las sorpresas, finalmente no lo pedí.

Como testigos, llevamos a los hermanos de Juanito, esto es, Jaimito y Jorgito, para que explicaran cómo fue el tema de la compra de la vivienda, y el tema de la deuda de la sociedad. Jaimito era el cerebro de la familia, así que no teníamos duda de que iba a declarar bien, pero la declaración de Jorgito fue magistral. ¡Menuda fuerza interpretativa, qué bien enfatizaba lo que había que enfatizar! A mí me daba miedo que se pasara de frenada, pero lo hizo muy bien. También declaró la exnovia de Juanito, para explicar dónde había vivido Juanito desde que se compró la vivienda. Desde un piso compartido hasta una casa okupa, Juanito había vivido en cualquier sitio menos en la casa de sus padres.

INTERROGATORIO DE PARTE

Ni Donald, ni Daisy ni Juanito declararon. Quizás no sepáis que en un juicio, un abogado no puede pedir la declaración de su propio cliente, el interrogatorio de parte siempre debe pedirlo el abogado contrario. Si el cliente quiere decir algo, ya lo dirá su abogado, en la demanda/contestación, en las alegaciones previas al inicio del juicio, o en el trámite de conclusiones. Esto es algo que le cuesta entender a mucha gente, pero es así, que declare o no declare uno de los interesados depende de la parte contraria. A este respecto hay distintas posturas, hay quien defiende que nunca hay que darle la palabra a la parte contraria porque sólo puede perjudicarte, aunque yo soy más partidario de pedir el interrogatorio de parte, por dos motivos. El primero, que si tienes suerte y ejecutas bien el interrogatorio, puedes pillar en un renuncio al contrario y forzarle a reconocer la verdad. El segundo, que ante el Juez das imagen de sinceridad, que nada tiene que esconder, y nada teme a lo que tenga que decir la otra parte. Ahora mismo estoy esperando una sentencia de un juicio en el que la otra parte no pidió el interrogatorio de mi cliente, por lo que éste se quedó sin declarar, y asistimos al esperpento de que el abogado contrario terminó preguntando a la hija de mi cliente (que venía como testigo) cosas que ésta no podía saber, y que podría haber preguntado a mi cliente si hubiera pedido su interrogatorio. En mis conclusiones, por supuesto, señalé este hecho, argumentando que la otra parte no tiene interés en esclarecer la verdad.

En fin, que me voy por las ramas. En el caso de la familia Duck, a nosotros nos interesaba que nuestros clientes declararan (en parte para jugar la baza del pobre matrimonio mayor que se quedará en la calle sin techo bajo el que guarecerse), pero a Hacienda no, así que Hacienda no pidió la declaración de ninguno de ellos. Nosotros probamos a pedir cada uno la declaración del “contrario”, pero no coló, Su Señoría denegó la declaración por entender que aunque éramos partes distintas, ocupábamos una misma posición procesal (demandados), así que no podíamos pedir uno la declaración del otro. Una pena, pero también una suerte. El interrogatorio de Juanito habría resultado un calvario para el que resultó ser el hermano más cohibido de los tres (aparte de sentirse anulado por el sentimiento de culpa, pues entendía que los padres se quedarían sin casa por él). El interrogatorio de Donald, sin embargo, habría resultado “intereresante”, ya que era un hombre peculiar que podría haber salido por cualquier lado. En todo caso, no me dolió mucho que no se le permitiera declarar. Es más, me supuso un alivio cuando me dijeron que el hombre prefería quedarse fuera de la Sala de Vistas para no sufrir. El interrogatorio de Daisy, ni idea. La verdad es que no recuerdo haberle oído hablar en ningún momento, se mantuvo siempre a la zaga de su marido. Cosas del patriarcado.

LOS INTERROGATORIOS

No hay mucho que decir de los interrogatorios. Se ejecutaron bien, y cada uno dijo lo que se esperaba que dijera. Como ya he dicho, Jorgito, magistral. El resto, bien.

Y aquí Goliath pecó de exceso de confianza. Estaba convencido de que la baza de la presunción “iuris et de iure” era suficiente, que ninguna prueba que pudiéramos articular sería suficiente para tumbar esta presunción legal, que ninguno de nuestros escupitajos podría derribarlo, así que no formuló ni una sola pregunta a nuestros testigos. Ni se molestó en intentar desvirtuar sus testimonios, buscando contradicciones o lagunas. Sólo formuló preguntas al técnico de Hacienda que había acudido como testigo a petición de mi compañera, preguntas que, obviamente, habían sido preparadas antes del juicio, con respuestas ensayadas ante el espejo mediante el método estanislasqui. Incluso en el trámite de conclusiones omitió cualquier alusión a las declaraciones de los distintos testigos. Se limitó a exponer, una vez más, el argumentario que había plasmado por escrito en su demanda. Lo expuso de manera clara, ordenada y contundente, debo admitirlo. Pero aquéllo no era una valoración de la prueba practicada, que es para lo que está el trámite de conclusiones, aquéllo fue un discurso, una disertación, sobre lo bien que estaba redactada la demanda.

Y en nuestras conclusiones, por supuesto, tiramos a dar. Pusimos toda la carne en el asador, criticamos la actitud de quien ni pregunta ni valora las pruebas practicadas, hicimos hincapié en lo injusto que sería dar la razón a Hacienda y dejar a un pobre matrimonio mayor sin la casa que llevan diecisiete años pagando. Defendimos, una vez más, que la presunción SÍ admitía prueba en contrario, y habíamos practicado prueba suficiente para desvirtuar la presunción. “Por todo lo anterior, solicitamos una sentencia íntegramente desestimatoria de la demanda, con expresa imposición de costas a la parte demandante”. Un abogado debe ser capaz de decir esta frase aún en estado de embriaguez.

SENTENCIA EN PRIMERA INSTANCIA

“¡Hemos ganado con costas!”, no lo recuerdo, pero imagino que sería la gran noticia que nos daría la procuradora por teléfono. Después nos enviaría un e-mail diciendo “aquí os envío la súper-sentencia”, para volver a enviar otro diciendo “perdón, por la emoción se me ha olvidado adjuntar el archivo, aquí os lo mando”.

¡Albricias y zapatetas! ¡Qué subidón! Ganarle a Hacienda, salvar la vivienda del cliente, y además, ¡con costas! ¡¡Uooooooohh…!!

RECURSO DE APELACIÓN

Qué poco dura la alegría en la casa del pobre… al cabo de una semana, dentro del plazo de cinco días hábiles, la parte contraria presenta escrito anunciando recurso de apelación. Este trámite hoy día no existe, pero hasta hace no mucho el recurso de apelación se sustanciaba en dos pasos. El primero era presentar en el plazo de cinco días un escrito anunciando que se tenía intención de recurrir la Sentencia en apelación, concretando con qué partes del Fallo se estaba en desacuerdo, sin necesidad de argumentarlo. A continuación el Juzgado debía conceder un plazo de 20 días para formular el recurso, con todos los argumentos. Hoy día se pasa directamente a matar, desde que te notifican la Sentencia tienes 20 días (hábiles) para interponer el recurso de apelación, con todos los argumentos.

Días más tarde, el Juzgado dice que el recurrente ha olvidado constituir el depósito de 50 euros para recurrir, y le da DOS DÍAS para subsanar el error. En vez de depositar los cochinos 50 euros, Hacienda interpone recurso de reposición, alegando que al tratarse de una Administración Pública, está exenta de constituir este depósito. Yo, muy guarramente, he de reconocerlo, me opongo al recurso, con los siguientes argumentos, a ver si cuela:

Alega la parte contraria que la Diputación Foral de Gipuzkoa está exenta de constituir depósitos para recurrir, por lo que entiende que no debe inadmitirse el recurso planteado. Esta parte, por el contrario, entiende que la citada exención no puede operar de oficio, por cuanto que uno de los principios que rigen la Jurisdicción Civil, consagrado en el art. 216 LEC, es el de justicia rogada, según el cual “los tribunales civiles decidirán los asuntos en virtud de las (…) pretensiones de las partes (…)”, es decir, el Juzgado ni puede ni debe conceder ni reconocer aquello que no ha sido pedido. En este caso, pretende la parte contraria acogerse de manera extemporánea a una exención que no alegó en el momento oportuno, por lo que la misma no debe ser concedida ni reconocida.

Si me dan la razón será un gol por toda la escuadra. ¿Os imagináis, que impiden A HACIENDA formular el recurso porque se les olvidó mencionar que están exentos de la tasa, y libramos? Pero no todos los días es fiesta. El Juzgado le da la razón, y le da 20 días para formular el recurso. No coló, pero, ¿y si cuela? Es tan bonito soñar…

Y nos presenta un recurso que SE CAGA LA PERRA. Veintiuna páginas de argumentos, citas jurisprudenciales e hijoputadas varias. Yo me cagué en los pantalones y me escondí bajo la mesa, no digo más. Ahora sí que la habíamos jodido, sus argumentos eran buenos de cojones. Bueno, miremos el lado positivo: si ganas en primera instancia y pierdes en apelación, aunque sea puedes defender tu trabajo ante tu cliente: si un juez me ha llegado a dar la razón una vez, eso es que no he hecho mal trabajo. Luego ganar o perder… es una lotería. Paga mi minuta, por favor.

Sus argumentos eran:

  • Preexistencia de la deuda. La deuda era anterior a la donación (2007), porque la deuda no nace con la derivación de responsabilidad (2008), sino con el devengo del impuesto del que deriva. (1998-2000).
  • Flexibilidad del requisito de preexistencia de la deuda. Aporta citas de sentencias del Tribunal Supremo que dicen que aunque la deuda sea posterior a la donación, cabe su anulación si se cumplen determinados requisitos.
  • Insiste, la presunción de fraude es iuris et de iure
  • La motivación real de la donación era el ánimo defraudatorio. Es decir, cuando en la Sentencia se da por probado que el motivo de la donación era otro (el que ya he explicado más arriba), la Sentencia, simplemente, se equivoca.

IMPUGNACIÓN DEL RECURSO

Trabajo, trabajo, y más trabajo. Leer, leer, y más leer. Pensar, pensar, y más pensar. Buscar, buscar, y más buscar. No hay más secretos en esta profesión. Si además eres listo, ingenioso, creativo, erudito… todo eso viene bien, pero lo cierto es que resulta totalmente secundario. Lo realmente importante es echarle horas. Entonces los argumentos vendrán a ti. Y vinieron, dándome la oportunidad de redactar un escrito que, aún a día de hoy, considero difícil de superar (por mí mismo, se sobreentiende). Como he dicho, de vez en cuando lo leo para subirme la moral. Cierto que hay algunos párrafos que hoy día, con la pespectiva del tiempo, habría escrito de otro modo. Pero hoy, al contrario que entonces, no tengo un plazo que cumplir, mi yo actual puede revisar el texto con una calma que mi yo de finales de 2011 no podía permitirse, así que no seré indigno criticando aquel trabajo. El argumentario:

  • Preexistencia de la deuda. Discrepo de su argumento, la deuda nace con la derivación de responsabilidad (2008), no con el devengo del impuesto del que deriva (1998-2000). Por lo tanto, la donación (2007) es anterior a la existencia de la deuda. Mediante una argumentación de más de página y media, vengo a decirle que se compre un diccionario, y lea qué significa derivar: “dicho de una cosa: traer su origen de otra”. La “otra cosa” sería la deuda originaria (1998-2000), “una cosa” sería la responsabilidad del administrador, y el “origen” sería la resolución por la que nace la segunda de las responsabilidades. En 2008, después de la donación en 2007.
  • Flexibilidad del requisito de preexistencia de la deuda. Esto es un filón, porque sin darse cuenta, me ha dado argumentos incontestables. La jurisprudencia que cita dice, en efecto, que aunque la donación (2007) sea anterior a la deuda (2008), se puede entender hecha la donación en fraude de acreedores si en el momento de la donación se sabía que iba a generarse una deuda, y se pretendía eludir. Es decir, para la retroactividad de la presunción de ánimo defraudatorio, es necesario un conocimiento y una intención. Pero este conocimiento y esta intención no pueden presumirse, deben demostrarse. O al menos eso dicen las propias sentencias citadas por Hacienda.
  • Insiste, la presunción de fraude es iuris et de iure. Con la anterior argumentación ya he desmontado esto, utilizando únicamente sus propias citas. Pero voy más allá: aporto una nueva sentencia del Tribunal Supremo. No cualquier sentencia, sino una sentencia de un Recurso de Casación interpuesto contra una Sentencia de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa. La diferencia es que en aquel asunto quien recurrió era el deudor, ya que le habían condenado por entender que sí había fraude. La similitud es que el acreedor era también la Hacienda Foral de Gipuzkoa; es más, el procurador era el mismo. El abogado, no lo sé, no se menciona en la Sentencia. ¿Y por qué presento una sentencia cuyo fallo es el contrario al que pretendo defender? Por algo muy sencillo: porque la Audiencia Provincial reconoce EXPRESAMENTE que la presunción es iuris tantum, esto es, admite prueba en contrario, y si falla en contra del deudor es únicamente porque su prueba no ha sido suficiente para vencer la presunción. Con esa misma lógica, a mí debería permitírseme demostrar que no he pretendido cometer fraude, cosa que ya he hecho en primera instancia. La misma lógica que sirve para condenar a otro, a mí me sirve para evitar la condena. Me costó mucho localizar esta sentencia (citada brevemente en la sentencia del Tribunal Supremo), busqué en muchos compendios jurisprudenciales, pedí ayuda a varios compañeros para localizarla, y al final, no recuerdo cómo, la encontré. Y en efecto, decía exactamente lo que esperaba que dijera.
  • La motivación real de la donación era el ánimo defraudatorio. Este argumento es el más flojo del recurso, ya que se basa en razonamientos tan débiles como “no es lógico pensar que vaya a donar la que es su vivienda”. Oiga, si no es cuestión de lógica, es cuestión de prueba. Yo he practicado un montón de prueba (documental y testifical) para acreditar que mi versión es real, y usted ni se ha molestado en valorar la prueba, ni repreguntando el día del juicio, ni en el trámite de conclusiones, ni ahora en el recurso de apelación. Para contestar a este argumento, simplemente por relamerme, cité las palabras de los distintos testigos y los distintos medios de prueba que apoyaban mi versión, que es la del juez de primera instancia. No era necesario, porque la Audiencia Provincial tiene dicho por activa y por pasiva que su función no es sustituir la valoración de la prueba hecha por los Juzgados de Primera Instancia, que es a éstos a los que les corresponde esa tarea, que lo único que puede hacer la Audiencia Provincial es controlar que el proceso de valoración de la prueba sea lógico y poco más. Una vez cumplido el requisito de la lógica, la Audiencia Provincial nada más tiene que hacer, y queda muchísimo margen para que el Juez de Primera Instancia, dentro de lo que no contradice a la lógica, dé por probado tal o cual hecho en función de la credibilidad que considere apropiado otorgar a tal o cual declaración. Raro será que la Audiencia Provincial rectifique una narración de hechos declarada probada por una Sentencia, muy gorda tiene que ser la metedura de pata de Su Señoría. Como por ejemplo, en un recurso que tengo interpuesto, que mi cliente dijo “no estuve allí”, la jueza dice en su sentencia que “la acusada reconoce haber estado allí”, y espero que la Audiencia Provincial revoque esa sentencia. En el caso de Hacienda vs. Juanito et alii, no hay motivo para enmendar la plana al Juez de Primera Instancia.

SENTENCIA EN APELACIÓN

Casi 6 meses después de presentado el escrito impugnando el recurso, tenemos Sentencia de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa: voy directamente al FALLO, al final de la Sentencia, y DESESTIMAN EL RECURSO DE APELACIÓN, CON IMPOSICIÓN DE COSTAS A LA PARTE APELANTE. ¡¡WOOOOOOOOOOOOHHHH….!! ¡¡¡SUBIDÓOOOOONN…!!!

Y el subidón se me pasa (bueno, no del todo) cuando leo los argumentos de la Sentencia. A ver, nos han dado la razón, libramos la vivienda del cliente, y vamos a cobrar unas costas brutales, pero la Sentencia podría haberse redactado con un poco más de esmero. Para empezar, la redacción es farragosa, con oraciones kilométricas que cuesta horrores entender. Para continuar, hay cuestiones conflictivas que zanja con un “esto es así”, sin más motivación, como por ejemplo que la presunción es iuris tantum. Bien, porque ha dicho iuris tantum, pero si le hubiera dado por decir iuris et de iure con la misma aparente arbitrariedad, me cruje. ¿Cómo lo ha decidido, ha echado una moneda al aire? Y para terminar (porque en algún momento tengo que dejar de escribir, aunque habría más para criticar), hay cuestiones relevantes de cierta complejidad argumentativa que NI MENCIONA, como el argumento (de peso) de Hacienda cuando dice que pueden rescindirse donaciones hechas antes de que nazca la deuda, si se prevé su nacimiento inminente, y mi contraargumento de que en este caso concreto no se preveía el nacimiento de la deuda ni se pretendía su elusión. ¿Y para eso nos lo hemos currado tanto?

VAMOS A COBRAR LAS COSTAS, TRALARÁ, VAMOS A COBRAR LAS COSTAS, TRALARÁ…

Dice una vieja maldición gitana eso de “pleitos tengas y los ganes”. Tuve un profesor en la Escuela de Práctica Jurídica que añadía la coletilla “con costas”, porque no hay peor maldición que ganar un asunto con costas, cuando el contrario no está dispuesto a pagarlas de buena fe o es insolvente, y más aún cuando has pactado con tu cliente que no le cobrarás a él, sino que te cobrarás directamente las costas del contrario. El riesgo de no cobrar por tu trabajo es elevado. Pero en este caso no hay motivo para desesperar: tenemos enfrente a Hacienda, de cuya solvencia no vamos a dudar, y de su buena fe tampoco. ¿Verdad? Cómo no vamos a confiar en la honestidad de Hacienda…

Seguimos el protocolo habitual: mandamos nuestras minutas a la procuradora, para que se las haga llegar a la parte contraria. Sí, en plural: nuestras minutas. Una mi compañera, y otra yo. Mira por dónde, la decisión estratégica de duplicar la defensa ha tenido un positivo efecto inesperado, porque también las minutas se duplican.

Importe de mi minuta: 16.000 euros + IVA. Importe de la minuta de mi compañera: otro tanto. Total: 32.000 euros +IVA. ¿Y cómo así tanto? Bueno, muy sencillo: como base para el cálculo se toma la cuantía del procedimiento, y cuanto mayor es la cuantía, mayor es el importe de las costas. En este caso el importe es de unos 160.000 euros, el valor de la deuda, y para una cuantía tan elevada el importe recomendado por los Baremos Orientadores de Honorarios del Consejo Vasco de la Abogacía (que no tienen validez legal a día de hoy, pero se siguen usando como referencia para las tasaciones de costas… porque no hay otra referencia válida) es de unos 10.000 euros. Eso en primera instancia. Por la segunda instancia, un 60% de lo anterior, esto es, 6.000 euros. Total, 16.000 euros. Esto hay que valorarlo ANTES de interponer la demanda, porque podemos ir a por lana y salir trasquilados.

Enviamos nuestras minutas el 09/05/2012. Para entonces ya vivíamos juntos (en pecado, o como diría mi abuela, arrejuntaos), así que todo quedaba en familia. Cruzamos los dedos para que paguen sin oponer resistencia, porque nos da yuyu eso de tener que meter una tasación de costas contra Hacienda, y pedir que le embarguen bienes hasta cubrir la deuda. Si hay que hacerlo, se hace, pero preferiríamos evitarlo.

15/06/2012, la procuradora, que tiene tantas ganas de cobrar como nosotros (aunque cobre menos que un abogado, no deja de ser una minuta MUY suculenta), le pega un toque a la otra procuradora, a ver qué pasa con el pago. Le dice que esté tranquila, que han tenido no-sé-qué complicación, pero que cobraremos pronto seguro.

30/09/2012, seguimos sin cobrar, así que decidimos meter la tasación de costas.

15/02/2013, tras mucho insistir, el Juzgado de Primera Instancia realiza la tasación de costas, es decir, da por buenas nuestras cifras. Bueno, no exactamente, porque nos dice que la parte correspondiente al Recurso de Apelación debemos pedirla en la Audiencia Provincial, así que sólo aprueba las cifras correspondientes a la primera instancia. Error de novato

06/03/2013. La procuradora mete tasación de costas por la apelación en la Audiencia Provincial, aportando las minutas que le habíamos enviado días antes. Nosotros mientras tanto estábamos de luna de miel. Tailandia, muy chulo.

12/03/2013. La Audiencia Provincial realiza la tasación de costas, dando por buenas nuestras cifras. Nos pilla todavía de viaje. No recordaba haber recibido este e-mail (en el móvil) hasta que he revisado las fechas para redactar este texto.

Durante el mes de marzo y abril, nuestra procuradora pregunta varias veces en el Juzgado si ya han abonado nuestras minutas. No queremos instar el embargo de bienes de Hacienda, pero queremos cobrar YA.

10/05/2013. Finalmente nos confirman que está hecho el abono de las costas, del que recibiremos mandamiento de pago cuatro días más tarde. Un año para cobrar unas costas que nos habían dicho que se nos abonarían sin problema. Parte de las costas sirvieron para cubrir el agujero que había dejado en nuestras modestísimas finanzas nuestra reciente boda. No espero volver a cobrar unas costas de ese calibre en muuuuuuucho tiempo, aunque me gustaría.

EPÍLOGO

Alguno se preguntará dónde está la lección de humildad que he adelantado en el título, si hemos cobrado una pasta tras ganar por todo lo alto un juicio contra nada más y nada menos que a la Hacienda Foral, defendida por un abogado con más experiencia que yo días de vida, que se las prometía felices cuando interponía la demanda en el Juzgado. Lo creáis o no, a mí esto me dio una importante lección de humildad. Si hemos podido ganar algo así con poco más de tres años de experiencia en la abogacía, ¿qué no podremos perder contra otro abogado cualquiera, sea nuevo o viejo? Esta vez teníamos la razón, los argumentos, y lo más importante, el trabajo. Otra vez será el contrario el que tenga esas armas, y nos dejará en ridículo.

Suena a tópico futbolístico, pero en la abogacía, no hay enemigo pequeño. Y mola tanto como asusta.

Publicado originalmente en Barrapunto

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