El ladrón tonto se libra

Se me acaba de notificar la prescripción de la pena de prisión impuesta al que llevo años usando como ejemplo de ladrón tonto (siempre preservando su anonimato, claro está). En general la gente no sabe delinquir; por mucho CSI que veamos en TV, donde se desvelan los trucos que tienen los buenos para pillar a los malos, luego a la hora de la verdad dejamos que nos pillen como a pardillos. Este ladrón tonto se lleva la palma.

Allá por septiembre de 2010, su modus operandi era el siguiente:

  • Recortar trozos de cartón del tamaño de monedas.
  • Introducirlos por la ranura de monedas de cabinas de teléfono, atascándolas.
  • Sentarse a esperar a que alguien fuera a hacer uso de la cabina, introdujera una moneda, se le atascara, al no poder recuperarla la diera por perdida, y se marchara del lugar.
  • Acercarse a la cabina, y con ayuda de unas varillas metálicas, rescatar la moneda.
  • Volverse a sentar, a la espera de otro incauto usuario de cabinas de teléfono.

Os podéis imaginar que con la ubicuidad de los teléfonos móviles, los usuarios de cabinas de teléfono escasean, así que el botín no era especialmente jugoso. El riesgo de ser cazado, sin embargo, era elevado, ya que se pasaba largo tiempo esperando en el lugar de los hechos, a la vista de cualquiera. La relación riesgo/beneficio difícilmente puede ser peor.

No tengo el expediente escaneado, y no me apetece levantarme a sacar el expediente físico del archivo, así que os contaré de memoria lo que recuerdo. El técnico encargado de reparar las cabinas, harto de encontrárselas atascadas cada dos por tres, decidió montar un operativo de vigilancia. Vamos, que en vez de dedicarse a arreglar cabinas, se pasó el día sentado en un banco a una distancias prudencial, esperando a ver qué pasaba. Y le dio resultado: en un momento dado vio cómo un individuo (el ladrón tonto) se acercaba a la cabina, introducía algo por la ranura de las monedas, y se sentaba en un banco cercano, en actitud vigilante. Al rato (no sé si largo o corto) alguien acudió a usar la cabina, y terminó largándose sin haber podido realizar la llamada. Casi inmediatamente, el ladrón tonto se acercó a la cabina con unas varillas en las manos, y empezó a manipularlas introduciéndolas por la ranura.

Visto esto, el técnico llamó a la Policía Municipal, y detuvieron al ladrón tonto. En sus bolsillos encontraron trozos de cartón de forma redonda del tamaño de monedas, aunque no pudieron encontrar las varillas, suponiendo que las había ocultado en algún lugar cercano. El ladrón tonto se mostró sorprendido, diciendo que él no había hecho nada, que estaba en la cabina realizando una llamada a su hermano.

Cuando le pasaron a disposición judicial le asistí yo, que estaba de guardia, y le pregunté su versión. Insistía en que él no había hecho nada, que sólo estaba llamando a su hermano, que vive en Londres. Le dije que si era cierto, constaría el número de teléfono de su hermano en el registro de llamadas de la cabina, así que le pedí su número. Me dijo que no se lo sabía de memoria, que lo tenía anotado en el móvil, pero se lo habían requisado. No pasa nada, ya me lo dirás cuanto te dejen libre. Le pregunté sobre los trozos de cartón que encontraron en sus bolsillos, y creo recordar que me dijo que no eran suyos, que los agentes de policía habían mentido acerca de dónde los habían encontrado.

Así lo declaró, le dejaron en libertad provisional (lo que los medios muchas veces llaman libertad con cargos porque han visto muchas pelis americanas), le devolvieron sus pertenencias, y salimos del Juzgado de Guardia. Allí, a la entrada, le expliqué lo que tantas veces he explicado a otros clientes, le entregué mi tarjeta insistiendo en que no la perdiera y me avisara si cambiaba de número de teléfono, y le recordé que me tenía que dar el teléfono de su hermano. “¡Vaya, no tengo batería, no puedo darte su teléfono!”, me dijo, mientras manipulaba su móvil. Me dio la impresión de que realmente no había llegado a pulsar el botón de encendido. “Bueno, pues cuando lo cargues me mandas su número de teléfono, porque si aparece ese número en la lista de llamadas, tenemos una línea de defensa”. Yo tenía la firme sospecha de que jamás me llegaría a dar el teléfono de su hermano, pero oye, por si acaso, no me costaba nada pedírselo. Si resulta que decía la verdad, tendría que comerme mis palabras. Bueno, mis pensamientos. Si como sospecho, me mentía… seguro que pensaba que me había conseguido engañar. Jamás entenderé a esa gente que cree que mentir a tu abogado es buena idea.

No volví a tener noticia de él.

En marzo de 2011 el fiscal presentó un escrito de acusación pidiendo que se le impusiera una pena de 11 meses de prisión por un delito de robo con fuerza en las cosas en grado de tentativa (arts. 237, 238, 240 y 16 CP), y que se le condenara asimismo a pagar una indemnización de 523,05 euros, por el coste de reparación de las cabinas que había saboteado.

En mayo de 2011 presenté un escrito de defensa diciendo que era inocente (porque sí, porque yo lo valgo), así que ni prisión, ni indemnización, ni nada.

En octubre de 2011 se celebró el juicio. Creo recordar que el fiscal me ofreció una rebaja sustancial de la petición de pena a cambio de un reconocimiento de los hechos, acuerdo que me parecía bueno, vistas las pruebas que había contra él, pero como mi cliente no acudió (pese a mis esfuerzos por localizarlo en las semanas previas al juicio), no podía dar conformidad al acuerdo que se nos ofrecía, así que el juicio se terminó celebrando en ausencia, algo que es más frecuente de lo que el ciudadano de a pie cree.

Yo le defendí como pude, en los interrogatorios intenté utilizar todas las artimañas que conozco para desacreditar tanto al testigo como a los agentes de la Policía Municipal. Recuerdo perfectamente a uno de los agentes, porque antes de entrar a sala estuvimos de charleta en los pasillos, sin conocernos de nada. Él me decía que le daba rabia que tenga que partirse los cuernos para pillar a un chorizo, que luego venga un abogado avispao, aproveche las cagadas del Juzgado, y el chorizo se salga de rositas. Yo le decía que a mí me tocaba ser el abogado avispao, y si un culpable se sale de rositas por errores del Juzgado, la culpa no es del abogado, que hace su trabajo. También le comenté que en cuanto entráramos a sala, en el interrogatorio, intentaría ponerle contra las cuerdas para ponerle de mentiroso, pero que no se lo tomara a mal, que no era personal. Todo de muy buen rollo. Algo un tanto surrealista. Llegó incluso a comentarme que a él nadie le pagaba el tiempo que iba a perder ese día en el Juzgado, porque deben de tener un cupo máximo mensual de horas, y una vez superado ese máximo, si te llaman del Juzgado para que vayas en tu día libre, tienes obligación de ir, pero no te lo pagan. “Vamos, que estoy perdiendo aquí una mañana de mi tiempo libre, para que mañana ese chorizo esté en la calle volviendo a hacer lo mismo”. La verdad es que le entendí… pero se me pasó enseguida. Empatizar con el enemigo es mala idea cuando vas a entrar en batalla, y un juicio no deja de ser una batalla dialéctica. Y el abogado, un mercenario de la palabra. Eso sí, con elegancia. Apretón de manos, y que gane el mejor.

El esfuerzo fue en vano. Ellos fueron mejores, o contaron con mejores armas. Yo me fui a casa satisfecho de haberme defendido como gato panza arriba, aunque con la certeza de haber perdido la batalla.

La sentencia, de marzo de 2012, condenaba a mi cliente a 7 meses de prisión, y a pagar los daños. No he tenido noticias de él desde entonces, me han llegado informaciones sin confirmar de que está en el extranjero, así que no tuve oportunidad de explicarle el contenido de la resolución, ni las prácticamente nulas opciones de que un recurso de apelación prosperara.

El Juzgado tampoco ha tenido noticias de él, así que transcurridos cinco años desde la Sentencia, declara prescrita la pena, y ordena dejar sin efecto la orden de busca y detención dictada en 2013.

Al final el ladrón tonto se sale de rositas. Seguro que aún cree que me tragué eso de que estaba llamando a su hermano.

Publicado originalmente en Barrapunto

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