Arrastraremos lo que se nos arroje…

… pues somos profundos, y no lo olvidamos. Y nos volveremos claros.

Hace casi un año que escribí en mi bitácora esta cita de Nietzsche, y cuando se me pidieron aclaraciones, vine a decir que era una reflexión personal, como parte de un proceso de higiene mental, y me di a mí mismo la pista para el futuro de que la clave estaba en mi agenda.

Hace unos días, revisando los textos de mi bitácora, me encontré con esa cita de Nietzsche, y no conseguía recordar por qué puse lo que puse, así que seguí la pista de la agenda. Encontré ocho anotaciones el día indicado, pero sólo dos que explicaban por qué me vi en la necesidad de citar a Nietzsche.

Una, a las 9:30 de la mañana en mi despacho, era una cita con la redactora del blog de KaixoMaitia (una web para relaciones personales, supongo que tipo Meetic), que me había pedido cita para una entrevista (creo que no he publicado el vídeo en ningún sitio, porque no he tenido tiempo de terminar los subtítulos en castellano).

Otra, a las 16:00 en el Colegio de Abogados, para impartir una de las cuatro jornadas del Curso de Deontología, necesario para acceder al Turno de Oficio. Esto viene del año anterior, 2015, año en el que lo que antes era la Escuela de Práctica Jurídica (EPJ), organizada por el Colegio de Abogados (ICAGI), pasa a ser el Máster de Abogacía, organizado por la Universidad (en este caso, la UPV), con la obligación del Colegio de Abogados de colaborar, aportando como docentes de ciertas materias a abogados en ejercicio. La EPJ había sido siempre en castellano, pero dado que había demanda de clases en euskara, la UPV decidió organizar el Máster en dos grupos, uno de castellano y otro de euskara. Así que la UPV pidió al ICAGI que le diera el listado de los docentes, y el ICAGI mandó una circular pidiendo voluntarios para cubrir las materias en euskara (y también alguna en castellano, por jubilación de quien las impartía anteriormente en la EPJ). Las clases se pagaban muy bien, y siempre me ha molado el rollo de la docencia, así que me presenté. Y me eligieron para dar las clases de Deontología Profesional en el grupo de euskara. Cuando mas tarde el ICAGI quiso organizar el curso de Deontología Profesional para los abogados ejercientes que quisieran acceder al Turno de Oficio, nos ofreció impartirlo a quienes habíamos dado esa materia en el Máster (la del grupo de castellano y yo del grupo de euskara), pero como la otra compañera no se mostró interesada por no disponer de tiempo, terminé impartiendo yo el curso completo, de 16 horas. En su día escribí una entrada en mi bitácora sobre esto, pero la borré por error. También lo he comentado de pasada en alguna que otra ocasión. En resumen, diré que fue una experiencia muy enriquecedora.

La cuestión es que en 2016 me quedé fuera de ambos cursos, por un lado porque en el Máster se cargaron el grupo de euskara (sale más barato meter a todos los alumnos en un solo grupo, te ahorras la mitad de los honorarios de los docentes), y por otro porque se creó un nuevo “cargo” en el ICAGI entre cuyas atribuciones estaba la de impartir el curso de Deontología Profesional, y aunque yo presenté mi candidatura, me quedé fuera por no cumplir el requisito de 10 años de colegiación (los he cumplido en 2017).

La suerte quiso darme una nueva oportunidad, y resultó que el encargado de impartir el curso en el ICAGI se encontró con un compromiso ineludible que coincidía con una de las cuatro jornadas del curso, y en vez de cambiar la fecha, se optó por pedirme que le cubriera en esa jornada. Yo, POR SUPUESTO, accedí. Y esa jornada era, como ya habréis deducido, el mismo día de la entrevista, a las 16:00h.

Me quedo corto si os digo que disfruté impartiendo esa jornada. Me lo pasé como un niño de teta, arriba y abajo en el estrado de la Sala de Juntas del Colegio de Abogados, exhibiéndome de manera impúdica ante mis compañeros de profesión. Además varios de los asistentes resultaron ser viejos conocidos, incluso dos de ellos viejos compañeros de la facultad. Me lo pasé genial. Disfruté incluso cuando una compañera se acercó a mí en el descanso para comentarme algo, y me preguntó, no sé por qué, si yo era miembro de la Junta, o de la Comisión de Deontología, o qué, y le dije “no, yo no soy miembro de nada, yo no soy nadie, estoy aquí de carambola”. Se pensó que se dirigía a alguien importante, y ver su cara de desconcierto ante mi respuesta fue muy gratificante.

Volvamos a las 11:00h, poco después de terminada la entrevista, con un día que había empezado bien y prometía terminar mejor. Me sentía el rey del mundo, capaz de todo, imparable. Hinchado como un pavo. Y la sensatez vino a rescatarme.

Pero vamos a ver, piltrafilla, ¿tú quién te has creído que eres? Nunca olvides de dónde vienes, quién eres y dónde estás, a dónde te diriges. No pierdas el rumbo. No te dejes cegar por la adulación. No pierdas la senda de la humildad. Ésa es tu tarjeta de presentación, porque eso es lo que eres.

Y entonces escribí esa cita de Nietzsche en mi bitácora, una cita en la que yo quiero ver y veo humildad. Porque uno arrastra todos los piropos que le arroja su circunstancia, los barre, y en esencia sólo queda el agua clara, profunda, pero simple y humilde. Directa y sincera, sin complejos, aceptándose tal y como es.

Cuando empecé a impartir la jornada, empecé presentándome: buenas tardes, soy Daniel Martínez Piqueras, abogado colegiado 4151 ICAGI, y como todos vosotros, soy EL ÚLTIMO MONO. Voy a impartir esta jornada casi de chiripa, e intentaré explicaros lo que pueda saber sobre Deontología. Hay un viejo proverbio, creo que chino, que dice que cuando un cojo se sube a hombros de un ciego, ambos avanzan. Yo soy el ciego, y vosotros los cojos, así que subíos a mis hombros para ver si aprendemos algo nuevo.

Obviamente, la compañera que se acercó a mí en el descanso había llegado tarde, y se había perdido mi presentación.

Resuelto con estas explicaciones el enigma de por qué narices escribí aquel día aquella cita de Nietzsche, cerramos un capítulo inacabado.

Y abrimos otro. ¿Por qué hoy, y justo hoy, vuelvo a citar a Nietzsche? No, hoy no es por humildad. Y no hay pistas. Hoy, nuevamente, me veo en la necesidad de arrastrar lo que se me arroje. Y nos volveremos claros.

Publicado originalmente en Barrapunto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CommentLuv badge