Vidas paralelas: Pablo Casado y yo

Esta mañana me ha dado por encender la TV antes de salir de casa, por oír algo de la actualidad. Me he encontrado con un programa de TVE1, en el que una tertuliana venía a decir que aprobar 12 asignaturas de una carrera en un solo curso (6 en junio y 6 en septiembre) no es tan raro. Hablaban de la Licenciatura en Derecho de Pablo Casado, y ya en el bus camino al despacho, he podido enterarme mejor de lo que hablaban. Menuda sorpresa me he llevado cuando he descubierto que Pablo Casado y yo mismo empezamos la Licenciatura en Derecho a la vez (aunque yo en la UPV/EHU). Hasta ahí las coincidencias.

No voy a extenderme demasiado acerca de cómo me fue la Licenciatura, porque eso ya lo hice hace 11 años, con la excusa de mi primera intervención en juicio (bueno, en realidad en una Audiencia Previa). Pero sí quiero repasar muy brevemente esos 5 años, que para Pablo Casado fueron 8.

Desde el curso 1999/2000 al 2003/2004, cursé en total cinco años de Licenciatura, con 5 asignaturas anuales por curso, salvo el primero, que tenía 4, y el cuarto, que tenía 6. Una simple operación aritmética nos da las 25 asignaturas totales del “Plan Viejo” de la Licenciatura en Derecho, la misma que cursó Pablo Casado. No os molestéis en consultar el “plan de estudios” actual, porque la cosa ha cambiado mucho desde entonces. La Licenciatura de 5 años se ha convertido en un Grado de 4 años, y las asignaturas, hasta donde yo sé, ahora no son anuales, sino cuatrimestrales. En cualquier caso, Pablo Casado y yo estudiamos según el “Plan Viejo” que he descrito.

No me fue nada mal, aprobé todas las asignaturas en su año correspondiente. Aprobé todos los parciales de febrero menos uno (que tuve que “recuperar” en junio), y todos los exámenes de junio. Jamás he hecho un examen en septiembre. Siempre quise ser abogado, y para mí ir a clase no suponía esfuerzo (salvo por el hecho de tener que madrugar), porque salvo alguna excepción, a mí lo que me contaban en clase me resultaba interesante. Para mí ir a clase, salvando las distancias, era como ir al cine. ¿Verdad que no te cuesta recordar la trama de las películas que has ido a ver al cine, incluso los nombres de sus protagonistas? Eso sí, meses después de ver una película no tienes que hacer un examen, así que había que tomar apuntes, visitar la biblioteca e hincar los codos. Pero sarna con gusto no pica.

Cuando yo en junio de 2004 había aprobado las 25 asignaturas y estaba pagando las tasas para la expedición del título, Pablo Casado había aprobado el equivalente a 7 asignaturas del Plan Antiguo  (de media casi 1,5 aprobados al año), y había agotado las convocatorias de examen. Está claro que para él ir a clase no era como ir al cine. O iba y no se enteraba de nada, o directamente no iba (ni a clase ni a la biblioteca), de otro modo no se pueden explicar sus resultados académicos. Seguro que es buen jugador de mus, que no es parte del Plan de Estudios de la Facultad de Derecho, pero sí de la Cafetería de la Facultad. Yo terminé la carrera sin saber jugar al mus, he tenido que aprender más tarde.

Tampoco terminó la Licenciatura en 2005. En el curso 2004/2005 se matriculó en 13 de las 18 asignaturas que le faltaban, cambiando de Universidad. No se presentó a ningún examen.

En el curso 2005/2006 volvió a matricularse en 13 asignaturas, de las que aprobó 6 (casi tantas como en todos los años anteriores juntos). Entre las 7 que no aprobó y las 5 en las que no se había matriculado, aún le quedaban 12.

Mientras él seguía peleándose por llegar a aprobar la mitad de las asignaturas de la Licenciatura, en los cursos 2004/2005 y 2005/2006 yo cursaba la Escuela de Práctica Jurídica, lo que hoy es, mutatis mutandis, el Máster de Acceso a la Abogacía.

En el curso 2006/2007, 7 años después de haber empezado una Licenciatura de 5 años, aún le quedaban pendientes 12 de las 25 asignaturas. Es decir, había aprobado un total de 13, una media de CASI DOS ASIGNATURAS POR AÑO. 2007 fue el año en que yo me colegié como abogado.

Y en ese mismo curso 2006/2007, contra todo pronóstico, aquel estudiante mediocre y/o descentrado que había sido Pablo Casado durante más de un lustro, que casualmente era presidente de Nuevas Generaciones del PP y ese mismo año fue elegido diputado de la Asamblea de Madrid, se pone las pilas, y aprueba 6 asignaturas en junio, y otras 6 en septiembre. En total, 12, es decir, seis veces más que la media de asignaturas que había aprobado durante los siete años antes. Más de lo que yo, buen alumno, llegué a aprobar en dos años enteros de acudir puntualmente a clase y chapar.

Chapar, para quien no esté acostumbrado al término, significa estudiar. Esto lo aclaro por si hay alguien en la misma situación en la que se encontraba Pablo Casado al inicio del curso 2006/2007, con media carrera pendiente, y sin saber cuál es el truco para conseguir un título. Chapar, el truco es chapar. Si llevas siete años sin hacerlo, ponte ya, que te costará coger ritmo. A mí ahora mismo me costaría horrores, estudiar un asunto para pelearlo en el Juzgado es muy distinto a estudiar una materia para aprobar un examen, así que estoy muy desentrenado. Hazte a la idea de que esas 12 asignaturas pueden ser, por ejemplo, Derecho Romano, Historia del Derecho, Derecho Civil I, II y III, Derecho Penal I y II, Derecho Procesal I y II, Derecho Administrativo I y II… a ver que cuente… llevo 11, me falta una… pon Derecho Internacional Privado. Buf, qué pereza… ¡que es media carrera, señoras y señores!

Tuve una compañera a partir del tercer curso de la Licenciatura, que tuvo que pasar por ese proceso de reacostumbrarse a chapar. Hacía años había cursado y aprobado los dos primeros años, luego lo dejó, la vida le llevó por otros derroteros, y después de unos cuantos años alejada del Derecho, decidió volver a matricularse, para continuar donde lo dejó. Recuerdo que ese tercer curso estaba más perdida que un pulpo en un garaje, y lo sacó a trancas y barrancas. En el descanso entre clase y clase, a menudo me pedía que le explicara eso que no había entendido en la clase anterior, que no había querido preguntar al profesor por no interrumpir. El cuarto, para mí el más difícil de toda la Licenciatura, a esta compañera le resultó algo más fácil, y el quinto año sacó muy buenas notas. Al tercer año había conseguido el ritmo que le faltaba, y demostró ser una persona inteligente y trabajadora.

Si Pablo Casado consiguió revertir su inercia improductiva en un único año, compatibilizando su actividad política con el estudio, me resulta extraordinario. Tan extraordinario que, lo diré claramente, resulta difícil de creer. Digo más: me apostaría un bocata de lomo con pimientos a que HIZO TRAMPA.

Tuve otros compañeros con trayectoria similar a la de Pablo Casado, al menos en sus comienzos. Entraron en la Uni años antes que yo, y cuando yo terminé, ellos ahí seguían, con un porrón de asignaturas pendientes, alguna aún del primer curso (la típica asignatura de primero que se arrastraba año tras año era Derecho Romano). Con más de uno me he vuelto a encontrar tiempo después, y he sabido que no consiguieron terminar la carrera. No tuvieron ese “año de inspiración” que tuvo Pablo Casado en el curso 2006/2007, ése que coincidió con su entrada en la Asamblea de Madrid.

11 años después, Pablo Casado es un político de primera línea, y yo un abogaducho que intenta mantenerse a flote. Probablemente eso es lo que más rabia me da: que a los tramposos les sale bien, que la meritocracia es un engaño, que el único premio a la honestidad es dormir con la conciencia tranquila. Y el único castigo para la falta de honestidad es dormir con el miedo a que te pillen. ¿Habrá barajado alguna vez Pablo Casado la posibilidad de que se descubra el pastel?

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