Punto y seguido. Si ya no soy abogado, ¿qué soy?

Mi última publicación en este cuaderno de bitácora fue hace más de un año, para anunciar mi abandono de la abogacía. Iba a decir «cese», pero no, «abandono» suena mejor. Más preciso. Al poco tiempo esta web dejó de estar operativa por un fallo técnico que no me apetecía ponerme a solucionar, y mi ciber-pasado se sumió en el olvido. Meses después, hace apenas unos días, me dio por restaurarla.

Mientras este blog dormía han ocurrido muchas cosas. Entre ellas, una pandemia (lo digo por si alguien no se había enterado aún, y al salir de su cueva se extraña de ver tanta gente con mascarilla, a lo Jacko). Desde una perspectiva más individual, he cumplido cuarenta, ¡CUARENTA! Ya he superado la mitad de la expectativa de vida de Homer Simpson. Mucho me temo que el pelo perdido no volverá a brotar.

«Y si hace más de un año que no eres abogado, ¿qué eres?», imagino que os preguntáis mi legión de fans. Bueno, de entrada soy un hombre que duerme mejor. También soy un hombre que apenas echa de menos la abogacía. «Apenas» quiere decir que no me arrepiento en absoluto de mi decisión, aunque muy de vez en cuando me acuerdo de los buenos momentos  (que los hubo, ya lo dije), y me sonrío, así como padentro. Si me da por acordarme de los otros momentos no sonrío, simplemente cambio de tema. NEXT!

Mi actual fuente de sustento poco tiene que ver con la pelea constante propia del ejercicio de la abogacía. Hay pelea, sí, pero ya no es esencia, sino circunstancia. Ahora trabajo (por cuenta ajena) en el sector de la fabricación aditiva, más conocida como «impresión 3D». Tal vez más adelante caiga algún artículo sobre impresión 3D, iré decidiendo sobre la marcha cómo reorientar el contenido de este blog. Pero no esperéis grandes aportes por mi parte en esta materia: en el equipo soy «el de Letras», el que se encarga del papeleo que tanto aburre a los hombres y las mujeres de Ciencias de quienes vivo ahora rodeado.

Y mola. Quien haya leído las tonterías que escribo en más de dos ocasiones sabrá que me gusta todo lo que tiene cables, luces y botones. Si además hay alguien que controla para enseñarme las tripas del invento, entonces ya estamos rozando el éxtasis. No son pocas las veces que me levanto de mi silla para acercarme a kuxkuxear lo que hacen en el taller o en el laboratorio. A veces hasta me doy el lujo de opinar, ¿esto no iría mejor a este lado?,  y noto cómo mis compañeres me odian por momentos. Pero se les pasa rápido, son gente joven, aún sin rabia acumulada. Ahí juego con ventaja.

Y aquí sigo. Distinto pero igual. Pues nada, nos vamos leyendo.

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