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	<title>Obiter Dicta &#187; Abogacía</title>
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	<pubDate>Wed, 05 Nov 2008 11:50:42 +0000</pubDate>
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		<title>Éxito profesional</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Dec 2007 05:00:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Defero</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Abogacía]]></category>

		<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta mañana el sol luce más brillante que otros días aún cuando deba adivinarse su luz desde el otro lado de las nubes que cubren el cielo, y las flores nos seducen con su manto embriagador pese a que falten algunos meses para que las primeras de ellas se animen a brotar. Nada puede ensombrecer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta mañana el sol luce más brillante que otros días aún cuando deba adivinarse su luz desde el otro lado de las nubes que cubren el cielo, y las flores nos seducen con su manto embriagador pese a que falten algunos meses para que las primeras de ellas se animen a brotar. Nada puede ensombrecer este día, en el que la cosecha de un importante éxito profesional me hace verlo todo de un color especial.</p>
<p><span id="more-44"></span></p>
<p>No me refiero a un éxito judicial, como la fácil victoria de ayer, en la que la parte contraria no compareció y nos absolvieron por falta de acusación. Tampoco me refiero a grandes sumas de dinero. Me refiero a algo más sutil. A una cuestión de <i>reconocimiento</i>. ¿Qué mayor éxito y revulsivo moral puede existir que el hecho de saber que hay quien considera que el dinero no es suficiente para valorar tu trabajo? Fui consciente de ello hace unos meses, cuando una cliente obsequió un perfume a una compañera del despacho, en agradecimiento por la resolución de un caso relativamente complicado. Sentí envidia. Mucha envidia. No por el regalo en sí, claro está, sino por el gesto.</p>
<p>Y esta mañana me ha tocado a mí. Un cliente al que resolví un tema relativamente simple ha entrado por la puerta, ha sacado un pequeño paquete toscamente envuelto en papel de periódico, y me lo ha entregado. Lomo ibérico, del pueblo. Aún no lo he catado, pero puedo adivinar que será el manjar más delicioso que haya probado jamás.</p>
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		<title>Una difícil elección</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Sep 2007 03:48:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Defero</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Abogacía]]></category>

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		<description><![CDATA[Aviso a navegantes. Como en anteriores ocasiones en las que he hablado de mi vida, me ha salido un texto más bien largo. Si no os apetece leer tantas letras juntas os aconsejo que paséis de esta bitácora, o si no saltad directamente al último párrafo, que contiene un resumen. Si tenéis intención de leer [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><em><strong>Aviso a navegantes</strong>. Como en anteriores ocasiones en las que he hablado de mi vida, me ha salido un texto más bien largo. Si no os apetece leer tantas letras juntas os aconsejo que paséis de esta bitácora, o si no saltad directamente al último párrafo, que contiene un resumen. Si tenéis intención de leer el texto completo os recomiendo <strong>no</strong> leer el resumen hasta haber leído el texto completo.</em></p></blockquote>
<p>El pasado miércoles me llamó por teléfono un compañero y amigo justo cuando estaba apagando el ordenador y recogiendo los bártulos para irme a casa. Hacía tiempo que no hablábamos, y me hizo ilusión recibir su llamada. Enseguida la ilusión se convirtió en sorpresa mayúscula cuando empezó a contarme los cambios que ha experimentado su vida desde la última vez que hablamos. En aquella anterior ocasión me comentaba que se sentía un poco hastiado con su trabajo. Había empezado desde abajo, y poco a poco, demostrando su valía, había ido asumiendo nuevas responsabilidades, responsabilidades éstas que siempre había considerado retos intelectuales y profesionales, una buena manera de crecer; pero últimamente veía que se había estancado, notaba que había tocado techo en la empresa, y su trabajo ya no le resultaba tan sugerente. Me comentaba que necesitaba cambiar de aires. No necesariamente de manera inmediata, pero él tenía claro que debía buscar su futuro fuera.</p>
<p><span id="more-30"></span></p>
<p>Y el miércoles me llamaba para contarme en qué consistía el gran salto que había pegado en su vida profesional. La política. Venía participando hace algún tiempo en algunos tinglados de carácter local sin demasiada importancia en cierto partido político, y en un momento dado cierta persona MUY importante se fijó en él y en su buen hacer, y le ofreció una oportunidad dentro de su equipo. No voy a deciros quién es esa persona TAN importante ni a qué partido pertenece ni en qué ámbito territorial es importante, pero os aseguro que todos habéis oído hablar de él, y ha salido (y sale) en TV en innumerables ocasiones. Si dijera su nombre muchos lo denostaríais y otros tantos lo alabaríais, y muy pocos os mostraríais indiferentes hacia su persona. En este momento (hasta que las urnas hablen) esta persona está al frente de cierto <em>chiringuito de poder</em>, y en la pirámide justo dos peldaños por debajo de él se encuentra el amigo del que os hablo. Un cargo de confianza de carácter político que está ahí, en la puta cúspide de la pirámide. Mucho trabajo, mucho viaje, mucha responsabilidad, mucho tratar con gente muy importante, y mucho por aprender. Mientras me lo contaba le pregunté por lo menos cuatro veces si estaba de coña. Pero no, él no sabe mantener un vacile tanto tiempo. Y yo pensando que no conocía a nadie importante.</p>
<p>Cuando terminó de ponerme al día acerca de las principales novedades en su vida, cambió por completo el tono y me hizo una pregunta que me hizo contener la respiración durante varios segundos, mientras en mi mente intentaba encontrar una explicación racional para semejante giro en la conversación. <em>&#8220;¿Tú estás contento donde estás, verdad que sí?&#8221;</em> Sí, <a href="http://www.obiterdicta.info/2007/04/30/ahora-si-soy-abogado/">lo estoy</a>, y él lo sabe bien. Y no se trataba de una pregunta en plan <em>&#8220;hola, qué hay, cómo te va&#8221;</em>, ésas se hacen al principio de conversación, no cuando ya llevamos diez minutos de palique. <em>&#8220;Verás, es que estamos buscando a alguien&#8230; y he pensado en ti.&#8221;</em></p>
<p>Me estaba ofreciendo dejar lo que estoy haciendo y unirme a ellos, no como cargo político (tengo mis filias y mis fobias políticas, pero no <em>milito</em> en ningún partido ni expreso públicamente mis afinidades, y no tengo ambición política), sino ocupando un puesto de <em>asesor jurídico</em>, apoyándole a él y a su inmediato superior mediante una labor técnica. A dos o tres peldaños de esa persona TAN importante que os digo, pero sin tener que tomar decisiones ni asumir responsabilidades o realizar comparecencias públicas. <em>&#8220;Andamos muy escasos de personal con preparación jurídica, sólo tenemos periodistas&#8221;</em>, me dice medio en broma. Él sí que tiene preparación jurídica, lo que no tiene es tiempo para dedicarse a estudiar a fondo cada tema. Ya os he dicho, mucho viaje, mucha reunión, mucho discursito&#8230; necesitan que alguien les digiera el trabajo, se empape pacientemente de cientos de folios de normativa y documentación, y les haga un resumen explicativo de cuatro folios para poder echarle un vistazo aprovechando el tiempo entre reunión y reunión.</p>
<p>Necesitan a alguien con una buena base teórica, pero sobre todo con disposición para ponerse al día de temas nuevos en jornadas maratonianas, con capacidad para trabajar junto con profesionales de distintas ramas entendiéndoles y haciéndose entender, con criterio y franqueza suficiente como para mirar al jefe a los ojos y decirle <em>&#8220;así no, que la cagas&#8221;</em>. Y este compañero ha pensado en mí. Entre los muchos sentimientos que corrían por mi mente mientras me explicaba el asunto, uno de los que pude identificar fue el orgullo, una satisfacción personal indescriptible. Él había pensado en mí, no por ser su amigo (que lo soy), sino porque creía sinceramente que yo era la persona adecuada para ese puesto. Si hubiera sido cuestión de amistad (alias <em>&#8220;enchufismo&#8221;</em>) habría llamado a alguno de sus compañeros de facultad a los que conoce desde hace mucho más tiempo y con los que tiene una estrecha relación de amistad. A mí me conoce de hace tres años, y repito, somos buenos amigos, pero me ha llamado por mi aptitud profesional. Por la aptitud que él cree que tengo.</p>
<p>Que alguien confíe en ti ciegamente para un puesto así de importante es un auténtico subidón, no os lo podéis ni imaginar. Bueno, claro, no podéis porque ni siquiera sabéis dónde sería el puesto. Es que os he dado la información a medias. Haced un esfuerzo imaginativo y confiad en lo que os digo, pensad que sería la rehostia. Una oportunidad profesional que supera potencialmente cualquier meta que yo haya podido fijarme a treinta años vista. Y digo <em>potencialmente</em> porque la cosa es así: yo entro como asesor, en X tiempo me dedico a absorber conocimiento en cantidades industriales (que es lo que más me gusta de mi profesión, no dejar nunca de sorprenderme con nuevos conocimientos), aprendo a tratar con gente MUY importante, incluso adquiero una confianza impresionante en mi propio potencial al ver que lo que yo redacto tal vez termina publicándose en un boletín oficial a modo de Reglamento&#8230; y pasado ese X tiempo vienen las elecciones, el partido que me ofrece esta oportunidad no se come una mierda, y si te he visto no me acuerdo. Lo que haya podido aprender en ese tiempo y lo bonito que quede recoger en mi <a href="http://www.obiterdicta.info/acerca-del-autor/">curriculum</a> esa experiencia, bienvenido sea, pero a partir de aquí sigues tu camino. O arrasan en las elecciones, y mi puesto se renueva, o incluso se me asignan otras tareas en otros <em>chiringuitos</em>, y lo que redacto ya no toma forma de Reglamento sino de Ley (porque las leyes las aprueban los parlamentos, pero las redactan los asesores jurídicos de los partidos). Esto puede ser algo MUY GRANDE. Sin garantías. Potencialmente.</p>
<p>Si me hubieras ofrecido esto hace dos años, aunque entonces era mucho más <em>pipiolo</em> de lo que soy ahora, te habría dicho que sí sin pensármelo. De cabeza. A fuego. Pero ahora la cosa es muy distinta, estoy embarcado en una aventura que, a su modo, también es muy importante. Sí, es cierto, explicarle a un cliente por qué no le conviene reconocerle un derecho de opción de compra en el contrato a su inquilino no es precisamente una experiencia novedosa y enriquecedora, y redactar un recurso de reforma sabiendo de antemano que te lo van a denegar porque ni tú mismo te crees los argumentos que estás metiendo con calzador no es el colmo de la realización profesional. Y formamos un despacho pequeño que no se puede comparar con lo que me ofreces. Pero en ese modesto día a día, hay momentos mágicos en los que, ¡ay!, sientes que ése es tu sitio, que eso es lo que te gusta hacer. Tengo algunos casos en la recámara para contároslos en posteriores capítulos de esta bitácora, sólo necesito tiempo para ponerme a ello.</p>
<p>Así que hace tres años era un recién licenciado que veía el futuro muy negro, y hoy, quién me lo iba a decir, me encuentro embarcado en un proyecto modesto pero con potencial de crecimiento, mientras me ofrecen un proyecto MUY ambicioso, pero también arriesgado. Y tengo que elegir. Porque compatibilizar ambas actividades se presenta bastante complicado, no sólo por lo duro de tener dos trabajos de manera simultánea (algo que quizás podría asumir), sino también por los conflictos de intereses que puedan surgir. Me veo por la mañana presentando un recurso o una reclamación ante el <em>chiringuito</em> en nombre de un cliente, y por la tarde enfundándome el traje de <em>asesor de chiringuito</em> para analizar la viabilidad jurídica de lo que yo mismo he solicitado. Como que no.</p>
<p>Se me hace muy difícil ordenar, verbalizar y valorar los factores positivos y negativos de cada una de las dos opciones, pero no me ha quedado más remedio que intentarlo.</p>
<p>Lo primero que me viene a la cabeza es que se me ofrece una oportunidad única, algo que probablemente no se volverá a repetir. La posibilidad de hacer algo importante, complejo, un auténtico reto intelectual y profesional, en una escala mucho mayor de lo que puedo esperar del proyecto en el que me encuentro en este momento. Algo que para un <em>don nadie</em> como yo es mucho más de lo que haya podido esperar jamás. Como puntos negativos, el miedo a no estar a la altura, y la incertidumbre de cuánto durará y hasta dónde llegará mi recorrido.</p>
<p>Y en el otro lado de la balanza, mi actual trabajo. Un sueño vivido, la realización material de todas mis aspiraciones, en ascenso lento pero imparable, algo que toca levantar a base de trabajo, trabajo y más trabajo. No es comparable con lo que ahora se me ofrece, pero no es una oportunidad desdeñable. Y algo que nunca valoramos suficiente, un ambiente de compañerismo envidiable. Con sus más y sus menos, con sus momentos incómodos, pero con un balance general muy positivo. Sin férreas estructuras jerárquicas piramidales, con un tratamiento de tú a tú en el que la autoridad la da la experiencia y la preparación, y no el escalón en el que uno se sienta.</p>
<p>¿Y la cuestión económica? En ese punto lo que me ofrece este compañero y amigo del que os hablo mejoraría lo que tengo ahora, pero no es el dinero lo que me ha traído aquí. Si fuera por dinero, me habría metido a fontanero al cumplir 16 años. La decisión se basará en otros pilares. Y parece haber un empate técnico.</p>
<p>Terminamos la conversación casi una hora después, y nos despedimos afectuosamente, él comprometiéndose a ampliarme la información acerca de cuál sería exactamente mi función, y yo comprometiéndome a pensármelo. En ese momento estaba tan exaltado que necesitaba contárselo a alguien, y volqué toda la historia sobre una compañera, administrativa, que aún no se había ido. <em>&#8220;El tren sólo pasa una vez&#8221;</em>, me dijo.</p>
<p>A la mañana siguiente, con un importante déficit de horas de sueño, nada más entrar a la oficina me dirigí al despacho de una compañera abogada, socia del despacho, la persona por medio de la cual he entrado en la abogacía, y se lo conté todo. <em>&#8220;Esto es muy grande para mí y no he tomado ninguna decisión aún, pero quiero que lo sepáis, no quiero cocinarlo en secreto y que os pille de sorpresa.&#8221;</em> No recuerdo exactamente cómo discurrió la conversación, pero sí recuerdo su cara, mezcla de asombro y preocupación. Soy consciente de que si me voy ahora les dejo con el culo al aire, y así se lo dije. Su respuesta fue que tomara la decisión pensando únicamente en mí, que ellos se las arreglarían. Quedamos en que se lo contaría ella al día siguiente al resto de socios del despacho, aprovechando que tenían prevista una reunión.</p>
<p>Ese mismo día, más tarde, al entrar al despacho de otro compañero, también socio, me soltó <em>&#8220;así que nos dejas&#8221;</em>. Alguien no había podido esperar al día siguiente para correr a contárselo a los demás. Je. Le entiendo perfectamente, yo tampoco había podido esperar a que me concretaran mejor en qué consistía el trabajo. Hay cosas que no se pueden guardar. Tuvimos una conversación parecida a la que ya había tenido con la otra compañera. Le pedí su opinión. <em>&#8220;Yo no puedo ser objetivo, porque yo quiero que te quedes; pero la decisión es tuya, y no pienses en cómo quedamos aquí.&#8221;</em></p>
<p>El mismo jueves a última hora, ya en casa, me volvió a llamar el amigo del que os he hablado para concretarme un poco más en qué iba a consistir el trabajo. Me confirmó que no habría posibilidad de compatibilizarlo con mi actual trabajo, que requiere exclusividad. Nuevamente estuvimos hablando cerca de una hora, y esta vez me despedí con el compromiso de darle una respuesta definitiva para el lunes. <em>&#8220;Que te quede claro que decidas lo que decidas, tú y yo seguimos siendo amigos, yo no te quiero obligar a nada.&#8221;</em> Tres días para tomar una decisión. Ellos tienen prisa en encontrar a alguien para cubrir el puesto, y yo no quiero prolongar esta agonía.</p>
<p>Hay un rincón para mí especial en el pueblo, un sitio donde pensar y tomar decisiones me resulta más fácil. Se trata de un pequeño jardincito, con un par de grandes árboles y dos bancos de madera al abrigo de su sombra. Por allí apenas pasa nadie, sólo gente paseando al perro, y quien pasa no se detiene. Es un sitio demasiado feo. Demasiado tranquilo. Se encuentra justo al final del recorrido de paseo para mi perro. En días normales llegamos, nos sentamos (él en el suelo), esperamos unos minutos, y emprendemos el camino de regreso. Pero en días especiales se convierte en un oasis, y prolongamos nuestra sentada más de lo acostumbrado. Ese lugar, en compañía de mi perro, me ayuda a pensar. Y el jueves por la noche tomé una determinación.</p>
<p><em>&#8220;He tomado una decisión. Me quedo.&#8221;</em> Así se lo dije a mi compañero el viernes según llegué a la oficina. Espero no haber tomado la decisión equivocada, pero ya está hecho. Aquí me quedo, en el mismo camino que tomé hace ya muchos años, sin desvíos, lento pero seguro. ¿El motivo de mi decisión? Sinceramente, no lo sé. Llegó un momento en el que había un empate técnico, y había que resolverlo. No sé si el factor resolutorio fue el miedo, la lealtad a quien hace dos años ya me ofreció la oportunidad de mi vida, o simplemente el azar.</p>
<p>Lo siguiente que hice fue llamarle a mi amigo, agradecerle que me hubiera ofrecido semejante oportunidad, y decirle que declinaba su ofrecimiento. <em>&#8220;Lo que me has ofrecido me gusta, y sé que probablemente no tendré otra oportunidad igual en mi vida, pero ya te expliqué cuáles eran mis dudas, y he tomado la decisión de quedarme donde estoy.&#8221;</em> No quise hacerle esperar hasta el lunes, y me lo agradeció. Seguimos siendo amigos, y espero verle en la próxima cena que se organice.</p>
<p>Siempre me quedará la espina de no saber hasta dónde podría haber llegado. A cambio he ganado otras cosas. La satisfacción de que alguien piense en ti para un puesto de ese tipo sube la moral a cualquiera, pero más importante aún es verte obligado a decidir, y verte a ti mismo eligiendo quedarte. Ahora estoy más convencido que nunca de que estoy aquí porque quiero, porque es lo que me gusta. Y por supuesto, es una gran satisfacción que tus compañeros te digan <em>&#8220;me alegra que te quedes&#8221;</em>. De repente ves tu trabajo con otros ojos, con otra ilusión.</p>
<p>En otro orden de cosas, mañana tengo la jura del cargo del <a href="https://www.icagi.net/">Colegio de Abogados de Guipúzcoa</a>, a la que tengo que acudir con camisa blanca y corbata negra. Seguramente se tratará de una ceremonia casposa y anacrónica, un simple trámite sin la menor trascendencia. Algo que carecería por completo de sentido si hubiera decidido dejarlo todo y aceptar la oportunidad que me ofrecían. Por mi parte, lo consideraré símbolo de tan trascendente decisión. Y lo celebraremos. Vaya si lo celebraremos.</p>
<blockquote><p><strong>Resumen para impacientes.</strong> Un amigo se ha metido en política, y me ha ofrecido un importante puesto de asesor jurídico. La decisión ha sido muy difícil para mí, pero al final he decidido rechazar el ofrecimiento y quedarme donde estoy. La experiencia me ha servido para reafirmarme en mis objetivos.</p></blockquote>
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		<title>La SGAE, sus abogados y la Wikipedia</title>
		<link>http://www.obiterdicta.net/2007/06/30/la-sgae-sus-abogados-y-la-wikipedia/</link>
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		<pubDate>Sat, 30 Jun 2007 03:35:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Defero</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Abogacía]]></category>

		<category><![CDATA[Informática y tecnología]]></category>

		<category><![CDATA[Mundo Wiki]]></category>

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		<description><![CDATA[Aburrido de no hacer nada a la espera de que refresque un poco, me he conectado al mesenyer para ver si había alguien. Dos personas nada más. Iba a saludarles y entablar una conversación, pero entonces me he dado cuenta de que tampoco tengo nada que contar (hoy estoy de un aburrido que espanta), y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aburrido de no hacer nada a la espera de que refresque un poco, me he conectado al <em>mesenyer</em> para ver si había alguien. Dos personas nada más. Iba a saludarles y entablar una conversación, pero entonces me he dado cuenta de que tampoco tengo nada que contar (hoy estoy de un aburrido que espanta), y paso de iniciar una de esas conversaciones de <em>&#8220;hola - qué tal - mucho calor hoy - bueno, me tengo que ir - hasta otra - cuídate&#8221;</em>, así que he preferido esperar un rato (a lo mejor ellos sí que tenían algo que contar), y luego he cerrado. Pero antes de cerrar me he fijado en el &#8220;nick&#8221; de uno de mis contactos, que suele utilizar para lanzar mensajes de todo tipo al cyber-mundo. Hoy rezaba algo así como <em>&#8220;todos somos Julio Alonso&#8221;</em>, y luego decía no-sé-qué de la SGAE.</p>
<p><span id="more-25"></span></p>
<p>Y me ha picado la curiosidad, mira tú por dónde. ¿Quién será ese tal Julio Alonso? No me suena haber leído hablar de él, ¿será un importante <em>activista anti-sgae</em>? Así que he acudido a <a href="http://www.google.com/search?q=julio+alonso">Google</a>, que me ha llevado hasta su web en la que cuenta cómo <a href="http://www.merodeando.com/2007/06/27-demandado-por-la-sgae">ha sido demandado por la SGAE</a> por un artículo publicado en su bitácora acerca de cierta campaña de Google-bombing, en el que se han vertido una serie de opiniones e insultos contra la SGAE. Y cómo no, Julio Alonso ha acudido al <a href="http://www.bufetalmeida.com/">Bufet Almeida</a>. Jo, los <em>almeidas</em> están en todos los fregaos; si no fuera porque me cae un poco lejos y porque estoy muy contento donde estoy, les mandaba mi currículum para estar más cerca del <em>meollo</em>.</p>
<p>La verdad es que el tema no me interesa demasiado, a mí esto del Google-Bombing contra la SGAE me parece una chorrada supina, y un buscarse problemas para nada. Pero bueno, ya que cuelga el texto íntegro de la demanda, y seguro que la SGAE acostumbra pagarse abogados de los buenos, he aprovechado para echarle un vistazo, a ver qué puedo aprender por el camino.</p>
<p>Por ejemplo, una de mis grandes dudas es <em>&#8220;¿cómo llevar la realidad de Internet al Juzgado?&#8221;</em>; es algo que me gustaría aclarar con seguridad y certeza, tengo una importante laguna en ese aspecto. En un juicio de una compañera la parte contraria quiso aportar un anuncio publicado supuestamente por el cliente de la compañera en Compraventa.com, y su Señoría lo rechazó en parte porque no venía a cuento, y en parte porque Internet es algo demasiado &#8220;etéreo&#8221; como para poder asegurar que esa copia impresa de la web no era una falsificación (con lo fácil que sería falsificar un HTML&#8230;). Vamos, que el Juez no quería arriesgarse a admitir como prueba algo cuyo funcionamiento no alcanza a comprender. Y este abogado de la SGAE lo resuelve con elegancia: no lleva una copia impresa de la web, sino que pide al notario que visite la web, imprima el documento, y levante acta notarial de ello. ¡Chapeau! Si lo dice un notario, el Juez se siente más confiado, y no dudará en admitir la prueba. Y al titular de la web no le servirá de nada modificar la web y decir <em>&#8220;soy un niño bueno, a mí que me registren&#8221;</em>. Sólo por esto ya ha merecido la pena abrir Kopete.</p>
<p>La cuestión es que la demanda está bastante currada. Los Fundamentos Jurídicos están bastante más desarrollados de lo que estoy acostumbrado a ver; es una manera tan legítima como cualquier otra de justificar los honorarios profesionales. Veo que utiliza los términos técnicos justos y necesarios, ni se pasa ni se queda corto. Y como curiosidad, añade notas a pie de página con explicaciones. A mí ni harto de vino se me ocurriría poner una nota al pie en una demanda, no me parece un elemento propio del &#8220;género&#8221;, es más &#8220;conservador&#8221; meter un párrafo adicional para explicar el término o concepto, sin cortar el flujo del texto con una remisión al pie de página. Pero he de admitir que tiene su punto. La verdad es que no lo había visto nunca.</p>
<p>Una nota a pie de página en la <a href="http://www.merodeando.com/images/2007/06/Demanda%20%20SGAE%20-%20parte2.pdf">página 7</a> me ha llamado la atención. Se trata de una explicación de la expresión <em>&#8220;Google Bomb&#8221;</em>, una explicación demasiado pedagógica, no tan formalista como cabría encontrar en una demanda.</p>
<blockquote><p><em>&#8220;Un Google bomb (bomba Google) es un método mediante el cual es posible colocar ciertos sitios web en los primeros lugares de los resultados de una búsqueda en Google utilizando un texto determinado. Este método explota el modo en que el algoritmo de búsqueda de Google, PageRank trabaja, ya que una página obtendrá un lugar superior si es enlazada por otras páginas ya conocidas. Se consigue incluyendo enlaces a la página objeto del &#8220;Google bomb&#8221; en el mayor número de páginas distintas posible, de manera que el texto del enlace sea el criterio de búsqueda deseado.&#8221;</em></p></blockquote>
<p>Lo más extraño de todo es que las palabras &#8220;Google&#8221; y &#8220;PageRank&#8221; están subrayadas, como si fueran enlaces, algo que está totalmente fuera de contexto. Recordemos que hablamos de una demanda, algo que a día de hoy debe ir necesariamente en soporte papel, y los papeles aún no soportan hipertexto. ¡Ha usado un <em>cortapega</em>! Y el propio Google me confirma que lo ha sacado&#8230; sí, así es, de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Google_bomb">Wikipedia</a>. Y ni cita la fuente ni nada. ¿Para qué?, eso de citar fuentes es de pobres. A este abogado parece no gustarle citar fuentes.</p>
<p>Nada más alejado de la realidad. En los Fudamentos de Derecho de la demanda cita puntualmente a <a href="http://www.google.com/search?hl=es&amp;q=%22l%C3%B3pez+jacoiste%22+%22intimidad%2C+honor+e+imagen+ante+la+responsabilidad+civil%22">López Jacoiste</a>, al Tribunal Constitucional, al Tribunal Supremo, la Audiencia Provincial de Barcelona, el Repertorio de Jurisprudencia Aranzadi&#8230; obviamente, sabe perfectamente de qué va eso de citar las fuentes.</p>
<p>¿Y qué es lo que diferencia a la Wikipedia del resto de fuentes? Que ni de lejos la Wikipedia goza de tanto prestigio. Al menos en el ámbito del Derecho. No se cita a López Jacoiste para otorgarle su merecido reconocimiento; al contrario, lo cita para aprovecharse de su prestigio. Y a ese respecto la Wikipedia no tiene nada que darle. ¿Para qué molestarse en darle su merecido y legalmente exigible reconocimiento?</p>
<p>Señor Colman Gota Thompson, reciba mi más sincera expresión de admiración por la profesionalidad que demuestra al fundamentar sus escritos. Y reciba también mi más sincera crítica por el indebido uso que hace de los contenidos de la Wikipedia, que según reza en el propio <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Derechos_de_autor">portal de la Wikipedia</a>, se publican bajo la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Texto_de_la_Licencia_de_documentación_libre_de_GNU">Licencia de Documentación Libre GNU</a>, la cual le permite el uso ilimitado de dichos contenidos siempre que cumpla ciertos requisitos, entre los cuales se encuentra, obviamente, el reconocimiento debido a su autor.</p>
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		<title>Ahora si, soy abogado</title>
		<link>http://www.obiterdicta.net/2007/04/30/ahora-si-soy-abogado/</link>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2007 03:30:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Defero</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Abogacía]]></category>

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		<description><![CDATA[AVISO: Entrada no apta para impacientes. Soy &#8220;de letras&#8221;, así que aquí vais a leer muchas.
Así como el juez Claus supo desde que era más pequeño que una nuez que su destino era ser juez (un buen juez), yo supe desde bien pequeño que quería ser abogado. No tendría yo más de cinco años cuando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><i>AVISO: Entrada no apta para impacientes. Soy &#8220;de letras&#8221;, así que aquí vais a leer muchas.</i></p></blockquote>
<p>Así como el <a href="http://www.youtube.com/watch?v=LrmdJjz9q8g">juez Claus</a> supo desde que era más pequeño que una nuez que su destino era ser juez (un buen juez), yo supe desde bien pequeño que quería ser abogado. No tendría yo más de cinco años cuando ya afirmaba con total convencimiento que me iba a dedicar a tan compleja profesión.</p>
<p><span id="more-23"></span></p>
<p>Seguramente no sabía qué implicaciones tenía el tema, no tenía ni idea de en qué consistia eso de ser abogado. Pero algo era innegable: un abogado era alguien digno de admiración y respeto, una persona que puede hacer muchas y muy grandes cosas sólo con la palabra. Mientras mis compañeros de colegio decían querer ser futbolista, astronauta o vaquero, admirados por las proezas que veían realizar en televisión a semejantes héroes, yo admiraba el uso de la palabra. No, no lo admiraba: lo envidiaba. Eso es, lo envidiaba.</p>
<p>Desde bien pequeño he sufrido <i>incontinencia verbal</i>, o al menos eso me hacían entender cada vez que me decían <i>&#8220;Dani, majo, cállate un poco, que no callas ni debajo del agua&#8221;</i>. A mí me gustaba hablar, inmiscuirme en las conversaciones de mis mayores, opinar, rebatir&#8230; pero toda la respuesta que recibía era <i>&#8220;tú calla, que esto son cosas de mayores&#8221;</i>. No es que esto me haya llegado a traumatizar, pero sí que me ha dejado un recuerdo imborrable, y el convencimiento de que parte de la <i>culpa</i> de mi vocación la tiene este hecho. Porque mientras a mí me mandaban callar y mis argumentos racionales (a menudo cargados de razón, estoy convencido de ello) carecían de todo valor, al otro lado del cristal del televisor se me mostraba un mundo en el que todo era discutible, todo era defendible, los razonamientos lógicos y la evidencia prevalecían por encima de la autoridad, y la palabra tenía un valor superior a cualquier relación de dependencia moral.</p>
<p>El abogado gozaba de un privilegio que a mí se me negaba: a él le dejaban hablar, y escuchaban sus argumentos antes de desecharlos, y para desecharlos se debía recurrir a argumentos lógicos, no a la mera autoridad. Pero es que además un abogado era algo más que un <i>pico de oro</i>, un abogado luchaba contra la injusticia, y defendía a los débiles. Un héroe con traje y corbata que no lanza rayos, sino que esgrime la Ley, la palabra.</p>
<p>Desde pequeño tuve un estricto sentido de la justicia. Recuerdo haberme peleado con un compañero de la escuela con cuatro o cinco años, y recuerdo cómo la profesora nos puso cara a cara para que nos pidiéramos mutuamente perdón. Él obedeció, pero yo me negué. No por orgullo, no por rencor. Por justicia. Yo era el agredido y él el agresor, yo obré en legítima defensa. Bajo ningún concepto iba a permitir que se nos pusiera a ambos en el mismo plano. Ni hablar. No me importó que mi profesora se enfadara conmigo, no me importó no obtener su aprobación. La Justicia estaba por encima de su sonrisa.</p>
<p>Llegar a ser abogado es difícil. Difícil y <b>caro</b>. Para que os hagáis una idea, ninguno de mis hermanos ha cursado estudios universitarios (no por falta de cualidades), y mis padres no pasaron de la educación básica. De hecho, en mi familia (al menos en la parte que conozco) fui el segundo (y de momento el último) en cursar estudios universitarios, y (de momento) el único que los ha terminado (mi prima dejó Química a la mitad). Por eso cuando la fantasía infantil empezó a convertirse en realidad, tuve que sobreponerme a distintos obstáculos.</p>
<p>El primero, al terminar EGB. En ese punto el camino se bifurcaba: o elegía el bachillerato para ir a la Universidad, o elegía FP para terminar colocado (laboralmente hablando) a los dieciocho. Mi hermano lo tenía claro, y no paraba de repetirlo: <i>&#8220;haz FP, y en cuatro años tienes curro fijo&#8221;</i>. A él no le convencía eso de intentar ser un <i>&#8220;picapleitos&#8221;</i>. En algún momento llegué a pensar que él sentía envidia, pues al ser él el mayor no pudo continuar los estudios tal y como habría deseado; y no hay día que no me sienta miserable por haber pensado así. Lo cierto es que sus palabras iban cargadas de realismo y pragmatismo, ya que yo pretendía entrar a una carrera larga y con un futuro incierto. Desde bien joven él se tuvo que poner a trabajar para ayudar a su familia. Soy consciente de que buena parte de lo que he conseguido en esta vida se lo debo a él. Al fin y al cabo, yo pude perseguir mi sueño a costa de que él renunciara a los suyos.</p>
<p>El segundo obstáculo fue justo antes de terminar el bachillerato. Las notas no eran problema, tan sólo necesitaba un 5,01 de media para entrar a Derecho. Para mí Selectividad fue un paseo. Y el dinero&#8230; bueno, el dinero siempre ha sido obstáculo para todo. Yo hablo de un obstáculo de otra naturaleza. Hablo de la duda. De repente, en el momento de rellenar la prematrícula, me cuestioné si realmente quería hacer Derecho. Al fin y al cabo, a lo mejor esa fantasía infantil no era más que eso, una fantasía infantil. ¿Y si no era lo que yo realmente quería? ¿Y si no era más que un capricho infantil que había sido sobrealimentado por el entorno? ¿Iba a meterme en una carrera de cinco años con futuro incierto porque hacía años a alguien le había dado por decir que yo de mayor iba a ser abogado? ¿Y si me había dejado embaucar por mi propia fantasía? Dudé, y dudé mucho. A punto estuve de entrar a Empresariales o algo así. Pero no lo hice. Seguí adelante con mi sueño.</p>
<p>La carrera fue más fácil de lo que yo esperaba. Mis sorpresas me llevé, pero sin traumas. Recuerdo la decepción de la nota del primer parcial de Derecho Natural, en primero. Había sido un examen sencillito, y salí con buena impresión, esperando haber sacado al menos un 8. Casi nada. Fue la primera nota que publicaron, y había sacado un 5&#8242;25. Aprobado por los pelos. Si eso saqué en Natural, ¿qué sacaría en Historia, que me había salido un examen flojo? De repente me entró el vértigo: aquello era mucho más complicado de lo que parecía. Me esperaban cinco años de duro trabajo, y quizás no sería capaz de salir ileso de aquella contienda. Me había puesto el listón demasiado alto, y no iba a ser capaz de sobrepasarlo.</p>
<p>Por fortuna saqué un 7&#8242;4 en el examen de Historia, y notas similares en el resto de asignaturas. Lo del examen de Derecho Natural fue una <i>falsa alarma</i>. El problema fue que al principio del examen el profesor dijo <i>&#8220;son preguntas concretas, así que quiero respuestas concretas, nada de irse por las ramas&#8221;</i>, lo que nosotros interpretamos como <i>&#8220;quiero respuestas breves y esquemáticas&#8221;</i>. Y a lo que él se refería era a que no mezclásemos con otros epígrafes del temario, pero dentro del epígrafe preguntado, que nos extendiéramos tanto como pudiéramos. Las notas de aquella asignatura fueron una merienda de negros, casi debería sentirme orgulloso de mi 5&#8242;25.</p>
<p>Terminé la carrera sin demasiado esfuerzo. Sin demasiado esfuerzo <i>discente</i>, quiero decir. En cinco años suspendí sólo un examen, el primer parcial de Civil IV, en el último año. Salí del examen asegurando a mis compañeros que tenía un 80% de probabilidades de suspender, y nadie me creyó. Saqué un cuatro, un suspenso merecidisimo que pese a los consejos de mis compañeros no me molesté en ir a revisar. En junio aprobé la asignatura completa, y a correr. Pero no me bastaba con aprobar exámenes, estudiar una carrera tiene sus costes económicos. No son una barbaridad, pero están ahí. Matrícula, material, transporte, comida&#8230; Todos los días cogía el tren de Cercanías que me llevaba en 45 minutos hasta <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Donostia">Donosti</a>, y allí cogía el bus hasta la <a href="http://www.zuzenbide.ehu.es/p045-8645/es/contenidos/centro/fderecho_ubicacion/es_ubicacio/ubicacion_derecho_upv.html">Facultad de Derecho</a>. Si había suerte cogía el <a href="http://www.dbus.es/web/alzagrosanti.asp">24</a> justo al lado de la estación de RENFE, aunque generalmente debía caminar hasta la parada del <a href="http://www.hlondres.com/">hotel Londres</a> donde debía coger el <a href="http://www.dbus.es/web/bentaberri.asp">5</a>, el <a href="http://www.dbus.es/web/beanorga.asp">25</a> o el <a href="http://www.dbus.es/web/33-larratxo-intxaurrondo-berio.asp">33</a>. Pero cuando el bolsillo flaqueaba no quedaba más remedio que recortar de aquí y de allá, y después de caer el café de media mañana (30 céntimos en la máquina), tocaba recortar el transporte, y hacer a pie la distancia entre la <a href="http://maps.google.es/maps?f=q&#038;hl=es&#038;q=donostia+%22puente+mar%C3%ADa+cristina%22&#038;layer=&#038;sll=43.31724,-1.977961&#038;sspn=0.009164,0.019784&#038;ie=UTF8&#038;om=1&#038;z=14&#038;ll=43.317247,-1.977968&#038;spn=0.036657,0.079136&#038;iwloc=addr">estación de RENFE</a> y la <a href="http://maps.google.es/maps?f=q&#038;hl=es&#038;q=donostia+%22facultad+de+derecho%22&#038;layer=&#038;sll=43.306432,-2.010806&#038;sspn=0.009166,0.019784&#038;ie=UTF8&#038;z=14&#038;ll=43.306443,-2.010841&#038;spn=0.036663,0.079136&#038;om=1&#038;iwloc=addr">facultad de Derecho</a>. Tampoco pretendo considerar eso una proeza, había mucha más gente que hacía el mismo recorrido, o incluso más largo. De hecho, una compañera solía hacer siempre a pie el trayecto entre la estación de tren y la facultad, independientemente de que la economía flaqueara o no.</p>
<p>Para poder pagarme ese tren, ese bus y ese café (además de la matrícula, los libros, las fotocopias y demás) no me quedaba más remedio que buscarme algún trabajillo de fin de semana, y ahorrar todo lo que pudiera trabajando en vacaciones. Fueron tiempos en los que había una única prioridad, y todo el esfuerzo y todas las privaciones se soportaban soñando con el futuro.</p>
<p>Recuerdo cómo una semana antes del examen del primer parcial de Derecho Romano, en primero, me llamaron de mi ETT favorita para ofrecerme un trabajo de fin de semana en un lavadero de coches. Y cuando digo <i>&#8220;trabajo de fin de semana&#8221;</i> me refiero a un trabajo de <b>un</b> fin de semana. <i>&#8220;Más adelante habrá posibilidad de más&#8221;</i>, me dijeron, y accedí. Eso supuso quitar horas de estudio para el examen de Romano, que era el martes, y no pagaban demasiado bien, pero necesitaba la pasta. El trabajo era frío, sucio, desagradable y desagradecido. Y como me prometieron, más adelante hubo más. Siempre contratos de <b>un</b> fin de semana, según saliera el sol (cuando llueve la gente no lava el coche), y avisándome a última hora. A veces era para el sábado y el domingo, otras veces para el viernes y el sábado&#8230; me llamaban el miércoles o el jueves a la tarde, y yo decía <i>&#8220;sí&#8221;</i>. Incluso me llamaban el viernes a la mañana para trabajar esa misma tarde, y como yo no tenía móvil, dejaba en casa el recado de que si llamaban de la ETT les dijeran que sí, pero que llegaría quince minutos tarde. Empecé a usar móvil para estar localizable por mi ETT favorita. Tenía cronometradísimo lo que tardaba en llegar desde la facultad a la estación de tren, a qué hora llegaba el tren, cuánto tardaba en comer, y cuánto tardaba en llegar desde casa al lavadero. El contrato lo firmaba el lunes o el martes, una vez terminado el trabajo, antes de ir a clase. Firmé tantos contratos y me pasé tantas veces por la oficina de la ETT que ya había confianza, así que empezaba a trabajar sin tener firmado aún ningún contrato (las condiciones me las conocía de sobra), sabiendo que únicamente me habían dado de alta en la Seguridad Social (para volver a darme de baja el lunes). Se puede decir que me pagué la carrera lavando coches.</p>
<p>Como en la facultad sólo existía un grupo de euskara, para permitir a quien tuviera asignaturas pendientes del año anterior que asistiera a todas las clases, nuestro horario era un año de mañana y al siguiente de tarde. En cuarto esto me permitió aceptar un trabajo por las mañanas, de reponedor en un supermercado. El sueldo era aún peor que en el lavacoches, y tocaba madrugar una barbaridad, pero al menos era más limpio, y no se sufría frío ni humedad. Además el trabajo tenía cierta continuidad que el lavacoches no me garantizaba. Sin embargo, no creí conveniente rechazar el trabajo del lavacoches, y durante un par de meses (marzo y abril de 2003) compaginé el trabajo en el supermercado por las mañanas de lunes a viernes, los estudios por las tardes de lunes a viernes, y el trabajo en el lavacoches los fines de semana. En dos meses tuve únicamente tres días libres, que dediqué a dormir. Más de una vez me quedé dormido en el tren según iba a la facultad, y me salté mi estación.</p>
<p>Cuando terminó mi trabajo en el supermercado, a falta de un mes para los exámenes, me estaban esperando varios trabajos de la facultad que había ido posponiendo. Recuerdo uno de Derecho Internacional Público sobre el conflicto entre Israel y Palestina, y otro de Derecho Administrativo II sobre el funcionamiento de mi ayuntamiento, este último que para colmo me lo adelantaron una semana. <i>&#8220;Si os parece he pensado adelantar una semana la exposición de los dos últimos trabajos, y así terminamos antes la asignatura. ¿Algún problema, Daniel?&#8221;</i> No, ningún problema. Sólo que aún ni lo he empezado porque he estado ocupado ganándome el billete de autobús, pero esto no te lo puedo decir, y tampoco me veo con fuerzas de decirles a mis compañeros que lo de terminar una semana antes ni hablar. Venga, un último esfuerzo.</p>
<p>El último año fue relativamente tranquilo, y salvo el susto de Civil IV que ya he comentado, conseguí terminar sin sobresaltos. Cinco años más tarde, ya era Licenciado. Había pasado por un primer año un tanto irregular, un segundo año de estabilización, un tercer año en el que empecé a verle la utilidad práctica a lo que estábamos aprendiendo, un cuarto año muy intenso en el que con la asignatura de Derecho Procesal supe definitivamente que había elegido el camino correcto, y un quinto año de fin de fiesta en el que simplemente me dejé llevar. Cinco años de esfuerzo, de sacrificio, de ilusiones. Y ni sentí fuegos artificiales ni música celestial. Fue como cumplir los dieciocho: sabes que ese momento marca un antes y un después, pero ni siquiera lo parece.</p>
<p>Y sin embargo, algo había cambiado. No en ese último momento, pero sí en el proceso. Durante ese tiempo cambió por completo mi punto de vista respecto de muchos aspectos de mi vida. Y cambió, por supuesto, mi punto de vista respecto de la profesión que había elegido con apenas cinco años de edad. Mi voluntad de llegar a ser abogado seguía siendo firme, tal vez más firme que nunca, pero las motivaciones ya no eran las mismas.</p>
<p>De repente, ya no es una cuestión de Justicia. Con el conocimiento que he adquirido en estos años, ahora sé que la abogacía no es el mejor camino para hacer justicia. Ahora sé que ser abogado no es ser un héroe, sino ser un <i>mercenario de la palabra</i>. Y sin embargo, me gusta. Yo quiero ser eso. Quiero tener las respuestas, quiero ser la solución. Quiero poder coger un problema complejo, diseccionarlo, dividirlo en pequeñas cuestiones objetivables, reducirlas a un razonamiento lógico, y acometerlas desde la certeza de una Ley bien redactada. Ahora la primera crítica que hago a la Ley no consiste en su falta de Justicia, ahora lo primero que critico es su incoherencia, su inaplicabilidad, su inconcreción, sus lagunas. Creo que me he convertido en un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Iuspositivismo">iuspositivista</a>; quizás con las reservas que en la Wikipedia ponen en boca de Carlos Santiago Nino (tengo ese libro en algún rincón, a lo mejor lo releo en vacaciones).</p>
<p>Al terminar la carrera, ya poseedor de un montón de conocimientos teóricos pero casi ninguno práctico, me matriculé por dos años en la <a href="http://www.epjgipuzkoa.com/">Escuela de Práctica Jurídica (EPJ)</a>. No es que allí aprendiera una barbaridad, pero por lo menos adquirí una perspectiva distinta a la obtenida durante la Licenciatura. Tuvimos como profesores a abogados, jueces y fiscales, e incluso a algún médico forense. Algunos muy buenos, otros no tanto, con un balance general positivo.</p>
<p>Y por primera vez en mi vida visité un Juzgado. En el primer curso teníamos clase de 8:30 a 10:30 en el <a href="https://www.icagi.net/">Colegio de Abogados</a>, y luego ya no teníamos clase hasta las 16:15, así que hasta la hora de comer solía aprovechar para acercarme al <a href="http://www.justizia.net/edificiosjudiciales/palacios.asp?accion=donostia&#038;Idioma=sp">Palacio de Justicia</a> con algún compañero para asistir como público a todo tipo de juicios. Había días que te los pasabas en los pasillos mirando en los tablones en busca de algún tema interesante y no encontrabas nada, otras veces encontrabas algo interesante y te pasabas media mañana esperando a que empezara porque andaban con retraso, y otra veces esperabas para nada porque las partes llegaban a un acuerdo y entonces el juicio no llegaba a celebrarse. Pero había días en que encontrabas algo realmente interesante, y entonces la búsqueda y la espera merecían la pena.</p>
<p>En verano de 2005 entré por tres meses en prácticas en el <a href="https://www.icagi.net/01plantilla02.php?contenido=ciudadano/01servicio_de_orientacion_juridica.php">Servicio de Orientación Jurídica (SOJ)</a> por medio de la EPJ, y pude conocer parte del funcionamiento interno del Juzgado. Tampoco demasiado, porque al fin y al cabo el SOJ, pese a estar ubicado en el edificio del Palacio de Justicia, en realidad depende del Colegio de Abogados, y su cometido es tramitar las solicitudes de Justicia Gratuita, pero para mí resultó una experiencia positiva.</p>
<p>Aproximadamente un mes después de dejar el SOJ, ya iniciado el segundo curso de la EPJ, un despacho de abogados escribió al Colegio de Abogados ofertando una plaza en prácticas. Había habido otras ofertas de otros despachos, pero éste tenía una particularidad: se trataba de un despacho de una localidad junto a mi pueblo. La mayoría de mis compañeros de la EPJ son de los alrededores de Donostia, muy pocos éramos del interior, de cerca de la localidad de dicho despacho sólo habíamos dos, y yo era el único disponible en ese momento. Por supuesto, me presenté allí con mi <i>curriculum</i> (perfectamente redactado mediante OpenOffice), y no tuvieron más remedio que conformarse conmigo.</p>
<p>Cuando terminé las prácticas no me quise ir, o no me quisieron echar, no recuerdo bien. La cuestión es que me quedé allí, como asesor jurídico, feliz, con unos compañeros fantásticos que siempre están ahí para echarte una mano, y por qué no, para pegarte un tirón de orejas cuando metes la pata. Consciente de que en estos meses he aprendido una barbaridad, pero que no es nada comparado con la barbaridad que aún me queda por aprender. <i>&#8220;¿Cuándo te vas a colegiar?&#8221;</i>, me preguntaban, y al final llegó el día. Catorce de marzo de dos mil siete, miércoles. Número de colegiado cuatro mil ciento cincuenta y uno.</p>
<p>Estoy colegiado. Soy abogado. Fijaos qué fácil es de decir, bastan dos palabras: <i>&#8220;soy - abogado&#8221;</i>. Y sin embargo, llegar hasta aquí supone recorrer un largo camino. Mi idea era colegiarme el martes, que caía en martes 13, igual que mi día de nacimiento, pero la agenda no me lo permitió, y al final me colegié el 14, que tampoco es mala fecha. Marcada queda en mi agenda para la posteridad. Bueno, en mi agenda, y en mi carné de colegiado. Un poco cutre sí que es, para qué mentir: una cartulina mal recortada y plastificada de manera  pseudo-artesanal, ¡y hala!, uno ya puede decir que es abogado. Pero no exagero cuando digo que es lo más valioso que llevo en la cartera, aún estando hecho de cartulina barata. Y quería compartir con vosotros este hecho tan importante para mí.</p>
<p>Sin embargo, lo de colegiarse es como cumplir 18 años o como licenciarse: no saltan fuegos artificiales ni hay un eclipse ni nada por el estilo. Sales del Colegio de Abogados con un montón de papelajos, el libro de honorarios, el dietario y cuatro artículos sagrados más en las manos, con el carné en el bolsillo y con la felicitación de la secretaria aún resonando en tu cabeza, pero no aciertas a decir qué ha cambiado.</p>
<p>Ese día lo celebramos al salir de la oficina yendo a tomar unos potes, pero no llegué a decir nada en casa. No sentía que fuera nada digno de contar, pese a que de cierto modo suponía la consecución de un sueño. De hecho, mi familia ha tardado bastante en enterarse de mi colegiación, y muchos de mis allegados, que conocen mi sueño desde hace años, aún no lo saben.</p>
<p>De todos modos, yo soy de la creencia de que hay dos requisitos para merecerse el apelativo de abogado: el formal y el material. El formal lo cumplí el 14 de marzo. Ahora me falta el requisito material para poder decir con total seguridad y convencimiento que soy abogado: patear juzgados, y caminando, aprender a andar.</p>
<p>Mi primer paso ya lo he dado: el martes pasado, veinticuatro de abril de dos mil siete, me estrené en los juzgados de Tolosa, en una <a href="http://noticias.juridicas.com/base_datos/Privado/l1-2000.l2t2.html#c2">Audiencia Previa</a>. Un trámite de lo más sencillo. Puede llegar a complicarse, pero en este caso en concreto no era previsible. Sin el cliente delante, sólo dos abogados y dos procuradores, ante la juez y la secretaria judicial, yo por la parte demandada. Un vecino reclama a la Comunidad de Propietarios el arreglo de humedades de su vivienda, por entender que se deben a un defecto de la fachada, y por parte de la Comunidad de Propietarios negamos que la causa de las humedades sea un defecto de la fachada. La parte contraria lo inició como <a href="http://noticias.juridicas.com/base_datos/Privado/l1-2000.l2t3.html">Juicio Verbal</a>, pero alegamos inadecuación del procedimiento y forzamos una reconducción por los trámites de <a href="http://noticias.juridicas.com/base_datos/Privado/l1-2000.l2t2.html">Juicio Ordinario</a>, tipo de juicio en el que existe el trámite de Audiencia Previa del que os hablo. No ha habido posibilidad de acuerdo, no hay cuestiones procesales que impidan la continuación del proceso, no hay hechos nuevos&#8230; pasamos a la proposición de prueba, la otra parte se reafirma en la prueba ya propuesta con la demanda (documental y pericial), y además solicita una testifical. Era previsible que solicitara esa testifical, no pongo ninguna objeción. Por mi parte me limito a reafirmarme en la prueba ya propuesta con la contestación a la demanda (documental y pericial), y además proponer una testifical. La parte contraria no pone objeción. Su Señoría admite la práctica de toda la prueba propuesta, y fija el <a href="http://noticias.juridicas.com/base_datos/Privado/l1-2000.l2t2.html#c3">juicio</a> para dentro de más meses de los que cabría esperar.</p>
<p>Ya está, apenas diez minutos. Tardé más la víspera preparando el nudo de la corbata. Pero ya está, ya estoy en el camino. Ahora sí, <b>soy abogado</b>.</p>
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